Autonomía del kirchnerismo

Argentina
Roberto Mero

Con una multitudinaria marcha frente al Congreso el kirchnerismo lanzó la resistencia contra el gobierno derechista de Mauricio Macri. La movilización estaba prevista en defensa de la Ley de Medios y contra las designaciones por decreto en la Corte de Justicia, pero se sumó el rechazó a la devaluación y el ajuste del 50% al salario de los trabajadores.

Vista aérea de la marcha frente al Congreso - Foto: Archivo

Roberto Mero – Latinoamérica Piensa

Si con justeza y a grandes trazos Máximo Kirchner declaró preferir un “kirchnerismo amplio que un PJ chiquito”, el desafío está lejos de haber encontrado su canal de debate en las preferencias personales de los protagonistas políticos. El derrumbe en el olvido o el desprecio amenaza a todos y cada uno de los líderes del primer movimiento popular, observados ahora en el microscopio de las movilizaciones de masa. El recuerdo del 2001 no está lejos, como tampoco el de la decadencia y caída de bastiones impensables de la interna peronista, como fue el caso del propio Duhalde. El fenómeno del propio kirchnerismo como hecho masivo e identitario no sólo tiene que ver con una realidad política sino también generacional. Si el peronismo 1945-1955 había ofrecido la concentración popular como sostén y plebiscito permanente, esa convocatoria siempre había estado marcada y encuadrada por la acción y las necesidades del gobierno. La experiencia kirchnerista no sólo redobló la apuesta sino que logró instaurar la calle como foro de la cultura de masas. Un foro en el cual la gente movilizada había creado sus propias formas con total autonomía del poder. Digo autonomía y no independencia, ya que ese poder (el de los K) había sido adoptado como propio. Ha bastado una semana de movilización popular permanente contra el desgobierno de Mauricio Macri para que esa autonomía ya se perfile como la sombra amenazante de un sistema político pegado con cinta scotch. Pruebas concretas. En vez de provocar reflujo, la despedida de Cristina incentivó la autonomía popular para la marcha sobre el Congreso a la cual el FpV adhirió como invitado. El ninguneo de los medios monopólicos fue contrabalanceado por las redes sociales. Por último, los lideres visibles de la primera marcha de repudio preciso contra Macri (Sabatella, Kicillof, 678, Recalde) fueron vitoreados porque “estaban” y no por su poder de convocatoria. Ante los tigres del viejo movimiento que afilan los dientes, el kirchnerismo ha dado pruebas de su capacidad autónoma de definir los desafíos. Esta es su marca de nacimiento y este también el cordón umbilical a cortar con el pasado burocrático, si eligiese concentrar iniciativa en el lugar de esperar un milagro incierto.

La restauración del poder contra el pueblo

La obscena declaración del economista Daniel Sticco (Infobae), augurando que “la fiesta se había acabado” y que los sectores populares “no habían estado autorizados” para el consumo es, quizá, la más sincera bandera de clase que el macrismo haya podido ofrecer en pocos días. Es esperable que haya contradeclaraciones, que “yo no dije eso” que “eso fue sacado de contexto”. Poco importa. La precisión de Sticco revela como pocas el apagón económico para el conjunto de la sociedad argentina y el inevitable acatamiento que se exigirá para obtener aquellas famosas “autorizaciones”. No es ya el “quiero pero no me dejan” de Alfonsín. No es el “vendamos las joyas de la abuela y después reparto” de Menem. Ni el “no nos dimos cuenta” de De la Rúa. El objetivo develado de cortar el salario en dos, crear un ejército de desocupados y concentrar la riqueza con olvido distributivo cierra todo tipo de chicanas de espera para el ex-votante macrista. Es un ataque en toda la línea, sin calendario ni límite y sin negociación alguna, que anuncia que se desmontará el edificio social existente sin dejar una piedra del pasado. Una vez más, el fino olfato político de Hebe de Bonafini dio en el blanco en el momento de caracterizar al régimen macrista de “dictadura”, llamando a organizarse desde ya para hacer frente al fascismo. Esta reacción epidérmica de la masa y de las Madres echa por tierra todas las componendas en bambalinas, las excusas de esperar hasta que aclare y la reorganización de las fuerzas de oposición programadas para las calendas griegas. La restauración del poder contra el pueblo no puede entonces tomarse como un capítulo más de la alternancia democrática, sino como un maquillaje de la antidemocracia para instaurarse brutalmente, a cualquier costo, caiga quien caiga. La caracterización de “dictadura”, desde ya, pondría en cuestión el conjunto de los mecanismos de poder político como inoperantes para hacer frente al avasallamiento que se proyecta. La más veterana de las organizaciones combatientes por las libertades públicas muestra una vez más que el tiempo de la espera es incierto. Y que toda espera angelical corre el riesgo de ser tomada como complicidad.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.