Australia se resiste a revelar secretos sobre su rol en el golpe pinochetista

El Gobierno de Australia rechazó este miércoles desclasificar documentos sobre su presunta participación en el golpe de Chile de 1973, con el argumento de que la publicación de asuntos de inteligencia podría poner en riesgo sus relaciones internacionales y la seguridad nacional.

A pesar de que Estados Unidos desclasificó hace dos décadas documentos secretos sobre cómo encubrió y apoyó al régimen de Augusto Pinochet (1973-1990), aún quedan muchas interrogantes sobre la actuación de su socio, Australia, en la antesala del golpe que derrocó a Salvador Allende.

Las preguntas llevan décadas sin respuesta debido a los mecanismos legales que tiene el país oceánico para proteger sus secretos ilimitadamente.

Por ahora se sabe que Australia envió a Chile en 1971 a agentes de los Servicios Secretos Australianos de Inteligencia (ASIS, siglas en inglés) durante el gobierno del liberal Billy McMahon, a pedido de Washington, pero su sucesor, el laborista Gough Whitlam (1972-73) ordenó la retirada de estos uniformados del país sudamericano.

Sin embargo, al menos un agente de ASIS se quedó en Chile hasta después del golpe, mientras que algunos oficiales de la ASIO (la agencia de inteligencia australiana) trabajaron como agentes de inmigración encubiertos y ayudaron a la CIA estadounidense antes del golpe, según recordaba el miércoles la revista política Crickey.

El hombre que busca develar los secretos

El Ejecutivo australiano defendió su silencio en una presentación ante el Tribunal de Apelaciones Administrativas (AAT, siglas en inglés), en el marco de un caso impulsado por el exoficial de inteligencia militar australiano Clinton Fernandes, quien participa desde hace varios años en distintas batallas legales para desclasificar documentos australianos claves.

Fernandes argumentó en un documento presentado ante el AAT que “muchos australianos tendrían derecho a expresar su legítima preocupación si se descubriera que ASIS o ASIO hubieran cooperado con la CIA” en el golpe contra Allende.

Fernandes considera que la colaboración pudo darse, “por ejemplo, ayudando a crear lo que la CIA llamaba un ‘clima golpista’ para destruir la economía y animar a los militares chilenos bajo el mando del general Augusto Pinochet a dar el golpe de Estado”.

“Estos crímenes están lejos de ser triviales; en un país con una población de 10 millones en 1973 hubo unos 4.000 casos de muerte o desaparición por parte del régimen, además de 150.000 a 200.000 casos de detenciones políticas y unos 100.000 casos creíbles de tortura”, apuntó el académico y experto en relaciones internacionales en ese texto.

El férreo rechazo a la desclasificación 

El abogado del Gobierno australiano Andrew Berger remarcó durante la vista que la divulgación de “asuntos altamente especializados” pueden poner en peligro a Australia, aún medio siglo después de ocurridos esos hechos.

Asimismo consideró que la desclasificación de los documentos podría contener, frases, nombres, registros u otros elementos que pueden caer en manos de “adversarios extranjeros” o atentar contra la seguridad del país.

Fernandes rechazó los argumentos del Gobierno australiano sobre la seguridad nacional porque el secreto en torno a los documentos es “proteger al Estado de un daño, no al Gobierno de la vergüenza”.