Atisbo de tranquilidad

Brasil
Darío Pignotti

El apoyo de los 16 intendentes que rechazaron el impeachment y los números decrecientes de las movilizaciones para derrocarla le dan aire a Dilma Rousseff en su cumpleaños. El juicio político contra la mandataria invoca un argumento pseudo-jurídico y forma parte de la estrategia de la oposición para acelerar la substitución del ejecutivo por un gobierno de transición.

Darío Pignotti- Página/12 (Argentina) 

Como presente de cumpleaños. En el día de su 68 aniversario la presidenta Dilma Rousseff recibió ayer dos obsequios políticos: el apoyo de los intendentes de 16 capitales que rechazan el impeachment y los números decrecientes de las movilizaciones para derrocarla.

En los últimos nueve meses, los que van de las marchas del 15 de marzo a las del domingo pasado, los mitines opositores cayeron de 210.000 a 40.000 participantes en San Pablo y de 45.000 a 7000 en Brasilia, a pesar de la agitación y propaganda desplegadas en los días previos por la cadena de medios Globo en sus noticieros y programas de entretenimiento para la familia.

El fiasco opositor del domingo fue celebrado por el Partido de los Trabajadores. “El pueblo no fue a la calle, si ellos dependen de la calle para avanzar en el impeachment está claro que el pueblo les dijo que no”, afirmó el jefe del bloque en Diputados Siba Machado, antes de ir a la reunión extraordinaria de la dirección del PT que se realizaba ayer por la noche en Brasilia.

En el temario de la cúpula petista estaba la movilización en defensa de Dilma convocada para mañana en San Pablo. “Seguramente vamos a llevar más gente que ellos en San Pablo” pronosticó el diputado Vicentinho, ex presidente de la Central Unica de los Trabajadores, una de las entidades convocantes junto a los campesinos sin tierra y los trabajadores sin techo.

Alcaldes

Luego de ser recibidos por Dilma en el Palacio del Planalto ayer por la tarde, los 16 alcaldes de grandes ciudades divulgaron el manifiesto “En Defensa de las Instituciones Brasileñas”.

“Repudiamos el pedido de apertura de impeachment… tenemos que respetar la voluntad popular” que eligió a Dilma con 54 millones de votos en octubre del año pasado, dice el documento respaldado, entre otros, por los intendentes de San Pablo, Fernando Haddad y Eduardo Paes, de Río de Janeiro, las dos capitales más pobladas e importantes del país.

» Hubo tantas maniobras extrañas montadas por Cunha para torcer una votación sobre la pertinencia del juicio político contra Dilma, que el Supremo Tribunal Federal la suspendió a través de una medida cautelar emitida la semana pasada. Con eso quedó congelado el asunto hasta mañana cuando se reunirán los 11 jueces del Supremo Tribunal «

Más adelante, el documento apoyado por los intendentes cuestiona la tramitación cargada de “vicios”, a cargo del titular de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que abrió el camino hacia el juicio político.

La presidenta también tuvo el respaldo de Diego Maradona, divulgado el domingo en una red social, cuando le expresó su apoyo de “corazón” .

Los dieciséis alcaldes que firmaron el apoyo a la democracia y todo Brasil saben que el pemedebista (por PMDB) Eduardo Cunha echó mano del impeachment para incendiar el cuadro político y así desviar la atención cuando la Justicia y el Congreso comenzaban a cercarlo tras descubrir sus cuentas en Suiza y quedar al desnudo que es uno de los “barones” de la gavilla que saqueó a Petrobras en el escándalo del Petrolao.

Cunha y su correligionario del PMDB, el vicepresidente Michel Temer han trabajado codo a codo recientemente para sumar los votos necesarios para aprobar el inicio del impeachment en el Parlamento.

Pero hubo tantas maniobras extrañas montadas por Cunha para torcer una votación sobre la pertinencia del juicio político contra Dilma, que el Supremo Tribunal Federal la suspendió a través de una medida cautelar emitida la semana pasada.

Con eso quedó congelado el asunto hasta mañana cuando se reunirán los 11 jueces del Supremo Tribunal para decidir cómo y cuando se continúa con el proceso.

Es en ese punto donde lo político se cruza con lo jurídico: Dilma prefiere que el Supremo fije reglas y autorice continuar la votación parlamentaria durante el verano en el que habría que convocar a sesiones extraordinarias.

» Ayer la sexagenaria Rousseff (…) fue saludada telefónicamente por su vicepresidente, el septuagenario Temer quien no se encontraba en Brasilia. Fue una cortesía con algo de ironía pues hace una semana Temer formalizó su ruptura con la presidenta a través de una carta cuya divulgación envalentonó al bloque destituyente «

Para el gobierno es conveniente acelerar los tiempos pues entiende que la furia de las clases medias perdió intensidad, como se vio en las marchas del domingo, y esto resta empuje a los grupos destituyentes en el Legislativo.

Los pemedebistas alineados con el diputado Cunha y el vicepresidente Temer se inclinan por dejar pasar el verano confiados en que la repulsa contra Dilma ganará nueva fuerza después del carnaval. Junto a los pemedebistas Cunha y Temer se ubica el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB).

Ayer la sexagenaria Rousseff, a quien le disgusta celebrar su aniversario, fue saludada telefónicamente por su vicepresidente, el septuagenario Temer quien no se encontraba en Brasilia. Fue una cortesía con algo de ironía pues hace una semana Temer formalizó su ruptura con la presidenta a través de una carta cuya divulgación envalentonó al bloque destituyente donde se mezclan pemedebistas, socialdemócratas, dipupastores y dipupolicías.

En los últimos días, Michel Temer cambió el Palacio Jaburú, su residencia oficial en Brasilia, por su oficina privada en San Pablo, donde estableció una de sus bases para el armado de un eventual gobierno de “unidad nacional” que cuenta con el respaldo del PSDB, del octogenario ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Y de la Federación de Industrias de San Pablo que ayer oficializó su apoyo al impeachment a través de una nota presentada por el presidente de la entidad Paulo Skaf, otro pemedebista aliado a Temer.

Fernando de la Cuadra- Rebelión 

El movimiento por la destitución de la presidenta es formado por sectores de la oposición que no se resignan con la derrota electoral pasada, invocando un argumento pseudo-jurídico para acelerar la substitución del ejecutivo por un gobierno de transición que convoque a nuevas elecciones con la vana esperanza de salir triunfante en la próxima contienda electoral. En definitiva, la denuncia no se encuentra debidamente sustentada en hechos jurídicos y elementos probatorios de que la presidenta haya incurrido en un crimen de responsabilidad y que ese crimen fue cometido dolosamente por la titular del cargo. Por lo mismo, la acusación se asemeja más a una estrategia político-partidaria que apela a la Constitución con el propósito de obtener el poder por medio de un expediente legalista cuando éste no pudo ser conquistado a través del voto.

Asimismo, aun admitiendo que el gobierno pueda haber incurrido en una desviación de la cláusula constitucional con relación al capítulo sobre responsabilidad, ello no le resta o substrae la legitimidad obtenida en las urnas en la pasada contienda electoral. El motivo que sostienen ciertos sectores de la oposición es muy débil e irrisorio: Dilma habría perdido su legitimidad ante los ojos de la ciudadanía debido a que las recientes encuestas de opinión demostrarían la acentuada caída en los índices de popularidad de la mandataria. Es a todas luces absurdo e improcedente intentar destituir a un g
obierno por los resultados de las encuestas de apoyo popular a su gestión. Las reglas del juego democrático estipulan claramente que quien pierde una elección tendrá otra chance cuando la ciudadanía sea nuevamente convocada a sufragar y decidir en las urnas. La alternancia del poder es una cláusula democrática férrea y ella debe ser respetada por ganadores y perdedores. Si un gobierno es deficiente o malo, la apelación al mecanismo de impeachment no es y nunca será el remedio adecuado para resolver este dilema. Si así fuera, la gran mayoría de los gobiernos en el mundo no conseguirían concluir sus respectivos mandatos.

» El movimiento por la destitución de la presidenta es formado por sectores de la oposición que no se resignan con la derrota electoral pasada, invocando un argumento pseudo-jurídico para acelerar la substitución del ejecutivo por un gobierno de transición que convoque a nuevas elecciones con la vana esperanza de salir triunfante «

El impeachment del presidente Collor de Melo fue necesario para restablecer la ética, el decoro y la probidad de la acción gubernamental y en ese proceso convergieron prácticamente todas las fuerzas político-partidarias, los movimientos sociales y las organizaciones civiles de Brasil. Como ya lo han señalado diversas voces de un amplio espectro político y partidario, independiente de las críticas que se le puedan hacer a la actual administración, lo que se encuentra en cuestión es la defensa de la democracia y del respeto a la decisión soberana del pueblo en las urnas. No cautelar este principio puede llevar al Brasil a un periodo de inestabilidad y crisis institucional sin precedentes desde el retorno a la democracia.

Si bien es cierto el país se encuentra atravesando una crisis, la solución planteada por la oposición es bizarra. Ella se fundamenta en la apuesta de que se pueda constituir una alternativa de unidad nacional en torno a alguno de los sucesores oficiales de la presidenta, especialmente su vice, Michel Temer. Luego se convocará a nuevas elecciones y en esa circunstancia los ciudadanos se inclinarán por un “gobierno de salvación” que supere la actual coyuntura. Este es un escenario bastante improbable. En gran parte porque las crisis son como los terremotos, en que las personas saben dónde comienzan pero no saben cuándo y cómo terminan. Es la incerteza lo que hace que se instale un sentimiento colectivo de que la “presente crisis” es la peor que existe en la historia del país y concomitantemente refuerza la sensación de sofoco y angustia entre la población. Asumiendo este supuesto, no existe la posibilidad de salir del actual impasse a través de recetas mágicas o por el simple reemplazo del gobierno de turno. La crisis es sistémica y se requiere de un gran acuerdo nacional para formular consensuadamente las posibles salidas en el ámbito económico, energético, político y social. 

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