Armas que matan

Latinoamérica y El Mundo

La circulación de armas de fuego es un fenómeno mundial, pero en la región este flagelo tiene un significado especial. El 78 % de los homicidios de América Central se cometen con ella y en Sudamérica; el 83 %. Si bien las armas son la vía por excelencia, en sí mismas no son las generadoras de la violencia. Deben considerarse múltiples factores que la alimentan.

Foto: archivo

Alfredo Yuncoza- El Universal (Venezuela)

Según el Observatorio Hemisférico de Seguridad de la OEA, alrededor de 875 millones de armas de fuego circulan por el mundo. La fabricación, comercialización y uso de las mismas, es una actividad que genera miles de millones de dólares a nivel mundial.

Según informe del National Sooting Sports Foundation, solamente en Estados Unidos la industria representó un impacto económico de 42.900 millones de dólares en el 2014.

Existe en paralelo un importante movimiento ilegal de armas que se consolida en la práctica del tráfico, el cual se define como «…la importación, exportación, venta, entrega, traslado o transferencia de armas de fuego, sus piezas y componentes y municiones desde o a través del territorio de un Estado Parte al de otro Estado Parte si cualquiera de los Estados Parte interesados no lo autoriza…» (Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus protocolos). Una idea de la dimensión de este delito es que la cantidad de armas compradas en Estados Unidos y traficadas a México en el 2012 significó la suma de 214,6 millones de dólares.

Por otra parte, una importante cantidad de armas son elaboradas, traficadas y utilizadas por delincuentes, como herramientas que les facilitan la generación de crímenes y la violencia.  A nivel mundial cuatro de cada diez homicidios son realizados con armas de fuego (Unodc, Annual Report 2014). En toda América la escala es de 7,5 cada 10.

Esta realidad aunque de carácter global, tiene especial significado para Latinoamérica.

Según el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013 – 2014, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las armas de fuego en nuestra región tiene efectos nefastos como, por ejemplo, que entre un tercio y la mitad de los robos ocurridos, se han concretado mediante el uso de armas de ese tipo.

Según el Informe sobre Seguridad Ciudadana 2012 de la Organización de Estados Americanos (OEA), en América Central el 78% de los homicidios se cometen con armas de fuego, y en América del Sur, el 83%. De hecho, en América Latina es seis veces mayor la probabilidad de ser asesinado por un arma de fuego que por un arma blanca.

» Según el Informe sobre Seguridad Ciudadana 2012 de la Organización de Estados Americanos (OEA), en América Central el 78% de los homicidios se cometen con armas de fuego, y en América del Sur, el 83%. De hecho, en América Latina es seis veces mayor la probabilidad de ser asesinado por un arma de fuego que por un arma blanca «

Considerando que la población latinoamericana es eminentemente joven, es lógico pensar que son precisamente ellos -independientemente de su género o posición social- los que tienen mayores probabilidades de sufrir las consecuencias del uso de armas de fuego, como víctimas o victimarios. Las tasas de homicidios en los hombres de América Latina y el Caribe, se hacen marcadas en edades entre 15 y 39 años. Ya lo advertía el proyecto Global Burden of Injures, que situaba entre 10 y 25 años, las edades del 35% de las víctimas de homicidios en América Latina entre los años 1996 y 2009.

En un estudio realizado en el 2013 entre la población penal de cinco países de nuestra región, se consiguió que entre un 42% y 68% de los encuestados, antes de los 18 años de edad, ya habían sido propietarios de un arma de fuego. De ellos, hasta un 80% portó armas de fuego para realizar robos. Sus orígenes eran desde fabricación artesanal y compras ilegales, pasando por robos a terceros, hasta haber sido facilitadas por funcionarios policiales.

Los resultados parcialmente obtenidos hasta la fecha, no indican que el 2015 cierre con indicadores favorables. Y es que las armas de fuego  aunque indudablemente son la herramienta o vía por excelencia, por sí mismas no son las generadoras de la violencia. Deben considerarse múltiples factores sociales, culturales, económicos y políticos que alimentan ese fenómeno.

Existen varias propuestas orientadas a disminuir la cantidad de armas de fuego circulantes entre la población, con la intención de minimizar los indicadores de violencia y crimen: revisión y actualización del cuerpo de leyes de cada país, incremento de las penas por concepto de tráfico y porte ilegal de armas, ataque a la corrupción como elemento que suma al crecimiento de la impunidad, revisión de los procesos de control administrativo de toda la cadena de comercialización, implementación de planes de entrega voluntaria de armas, diseño y desarrollo de una cultura de paz y convivencia que se inicie con los estudiantes desde sus primeros años de escolaridad, establecimiento de acuerdos internacionales entre las diversas instituciones de los Estados que se abocan al combate del tráfico de armas.

Todas deben implementarse en paralelo y contar con la voluntad política de cada gobierno, la participación del sector privado y de la sociedad civil. Caso contrario se dispersan los esfuerzos y diluyen los recursos asignados, para al final tener una gestión sin impacto real en la seguridad pública. 

 

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