Eje estratégico en problemas

Argentina/Brasil
Luciano Wexxel Severo 

Brasil y Argentina se necesitan mutuamente para edificar su proyecto histórico. Pero el nuevo experimento neoliberal simultáneo tiende a paralizar el avance del proceso de integración regional, a comprometer los procesos nacionales de desarrollo de los últimos años y a sus incipientes estrategias de autonomía e inserción internacional soberana.

Luciano Wexell Severo- Miradas al Sur

Actualmente, al observar los destinos de las exportaciones brasileñas para el mundo, la Argentina (8% del total) sólo aparece detrás de China (15%) y de los Estados Unidos (11%). En el caso de las exportaciones argentinas para el mundo, Brasil (28% del total) es el mayor comprador, frente a China (14%) y Estados Unidos (12%). Casi dos tercios del flujo comercial están concentrados en las aduanas de Uruguayana (27%), Santos (21%) y San Borja (16%). La ciudad de Foz de Iguazú (2%) representa muy poco del volumen de transacciones, sugiriendo que el papel simbólico del puente Tancredo Neves ha sido mucho mayor que el mero intercambio mercantil.

Cuando observamos solamente a América del Sur, la Argentina representa aproximadamente la mitad de todo el comercio de Brasil con la región. En 2014, expresando la caída del PIB, Brasil exportó US$ 14.300 millones e importó US$ 14.100 millones, valores 28% y 12% inferiores a la media de los cuatro años anteriores. Vale reparar, también, que en esas relaciones la Argentina acumuló superávits comerciales entre 1995 e 2003. La actual asimetría comercial favorable al Brasil no solamente es pequeñísima como decrece desde 2006. Para cada dólar en productos comprados de Buenos Aires, el Brasil le vende 1,01 dólar. O sea, el intercambio es prácticamente equilibrado.

” El gran salto dado por Brasil y Argentina fue asumir que las reglas pueden ser flexibilizadas, para contrabalancear ventajas estructurales. El economista argentino Aldo Ferrer presenta esta situación como la diferencia entre un ‘Mercosur ideal’ y un ‘Mercosur posible’ “

También es muy importante llamar la atención de que más del 90% de las ventas brasileñas están compuestas por productos manufacturados. De éstas, más del 42% son bienes del código 84 a 94 de la Nomenclatura Común del Mercosur (NCM), que incluye a los productos de la industria automotriz, además de máquinas y equipamientos. Los principales bienes exportados fueron automóviles, tractores, motocicletas, motores, air bags, marcadores de velocidad, cajas de dirección, radiadores, embragues, amortiguadores, partes para asientos, cajas de marchas, ejes, frenos, cintos de seguridad, chasis, faroles, bujías para ignición y alternadores. En el caso de las compras brasileñas, la situación es parecida, el 85% están compuestas por manufacturados. Los bienes entre los códigos 84 y 94 también superaron el 48%. Estos resultados son consecuencia de los acuerdos de la política automotriz, que estimula el comercio intra-regional e intra-firma, imponiendo para el sector uno de los niveles más altos de Tarifa Externa Comum (TEC) dentro del bloque.

En el caso de las Inversiones Directas Extranjeras (IDE) en la Argentina, en los últimos ocho años, los principales responsables por los flujos de capital fueron Estados Unidos (15,5%), España (10,6%), Holanda (10,5%), Brasil (8,8%) y Chile (8,5%). Brasil ocupa solamente el cuarto lugar. Al analizar el stock de IDE en la economía argentina, los capitales brasileños son muy menores que los de Estados Unidos, Holanda, España e Chile.

A pesar de eso, se difunde una supuesta invasión brasileña. En general, los justificativos son las compras de la cervecería Quilmes por la belga AmBev (en 2002), de la petrolera Pérez Companc por la Petrobras (2002), de la fábrica de cemento Loma Negra por la Camargo Corrêa (2005) y del frigorífico Swift Armour por la Friboi (2005). Otra acción a destacar fue la inauguración de una sucursal de la textil Coteminas en la provincia de Santiago del Estero, en 2004. Por otro lado, no hay en Brasil inversiones argentinas de magnitud comparable.

¿De vuelta para los 1990?

En algunos análisis sobre el Mercosur aún prevalece una tendencia neoliberal de interpretar las concesiones a las economías menores como si fuesen fallas, debilidades o irregularidades. Desde esta óptica, estaría errado, por ejemplo, que el bloque se apartase del libre-comercio puro y ofreciese tratamiento diferenciado a Paraguay y a Uruguay. Mientras tanto, el gran salto dado por Brasil y Argentina fue asumir que las reglas pueden ser flexibilizadas, para contrabalancear ventajas estructurales. El economista argentino Aldo Ferrer presenta esta situación como la diferencia entre un “Mercosur ideal” y un “Mercosur posible”. Es necesario entender que las salvaguardas, cuotas y otras barreras pueden ser tranquilamente aceptadas en un proceso de integración, aún en áreas de libre comercio o en uniones aduaneras. Deben ser estimuladas, no criminalizadas, las medidas compensatorias o de combate a las asimetrías. Esta debe ser la gran fortaleza del bloque.

Brasil y Argentina se necesitan mutuamente para edificar su proyecto histórico. Aislados, están condenados a perder su soberanía y su identidad. Solos, son presas fáciles de las grandes potencias. La principal amenaza que pende sobre el Mercosur hasta pocos días atrás era la propuesta de tratado de libre comercio (TLC) con la Unión Europea. La postura del segundo gobierno de Dilma, asociada a las posiciones librecambistas, al oportunismo y al revanchismo conservador de algunos miembros del gobierno, hizo que la resistencia al acuerdo recayese sobre la Argentina y, de alguna manera, Venezuela.

” Un nuevo experimento neoliberal simultáneo en el eje estratégico Brasil-Argentina, como ocurrió en los años 1990, tiende a comprometer no sólo a sus débiles procesos nacionales de desarrollo, sino también a sus incipientes estrategias de autonomía e inserción internacional “

El escenario debe sufrir mudanzas con la reciente elección de Mauricio Macri. Antes incluso de su asunción, el presidente electo ya cuestionó la propia entrada y permanencia de los venezolanos en el bloque. Además, hizo referencias positivas al TLC con Europa e hizo una seña a la Alianza del Pacífico, oficialmente impulsada por Chile, Colombia, Perú y México. Todavía penden sobre la región las crecientes amenazas de la Asociación Trans-Pacífica (TPP), de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP) y del Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA).

Por eso, hoy, la gran preocupación es otra. Un nuevo experimento neoliberal simultáneo en el eje estratégico Brasil-Argentina, como ocurrió en los años 1990, tiende a comprometer no sólo a sus débiles procesos nacionales de desarrollo, sino también, y principalmente, a sus incipientes estrategias de autonomía e inserción internacional soberana. Además de eso, tendría el drástico efecto de paralizar el avance del proceso de integración regional acelerado en los últimos quince años.

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