Desarrollo cuidado

Uruguay

El nuevo proyecto minero que se desarrollará en Aratarí ha sido materia de rechazos defensas. Están quienes lo critican por sus efectos en el medioambiente y quienes aducen que supondrá un vigoroso impulso económico. Ninguna de esas posturas llevadas al extremo llegarán a buen puerto. Hay que lograr un equilibrio que permita el desarrollo sin afectar el medioambiente. 

Editorial- La República (Uruguay) 

La inversión de capitales indios está en marcha, pero el proyecto en sí, de minería a cielo abierto o de gran porte, ha generado fuertes rechazos de parte de diversos sectores de la sociedad; desde productores agropecuarios de la zona hasta arqueólogos pasando por ambientalistas y operadores turísticos de la costa atlántica no ven con buenos ojos el emprendimiento proyectado, cuyo impacto ambiental se cierne como una amenaza para los intereses del país. Frente a esta postura de rechazo a la minera, se yergue la de quienes defienden el proyecto aduciendo que no habrá tal impacto negativo y que la actividad de Aratirí supondrá un vigoroso impulso a la economía del país.

Estamos ante un asunto que divide a la sociedad y al sistema político, con posturas radicales en uno y otro bando. Aunque detractores y panegiristas pretendan reducirlo todo a una disyuntiva entre el cuidado del medioambiente y el progreso y el desarrollo del país, el problema no es sencillo.

 “Estamos ante un asunto que divide a la sociedad y al sistema político, con posturas radicales en uno y otro bando. Aunque detractores y panegiristas pretendan reducirlo todo a una disyuntiva entre el cuidado del medioambiente y el progreso y el desarrollo del país”

No debe haber ni un solo uruguayo a quien no le importe que un emprendimiento pueda afectar el entorno con tal que implique generación de riqueza; del mismo modo -y en la vereda de enfrente- tampoco habrá quien -en aras del respeto al medioambiente- esté dispuesto a renunciar al progreso y al desarrollo.

Conocida es nuestra posición al respecto. Siempre hemos sido partidarios de la preservación del medioambiente y del cuidado del equilibrio ecológico; denunciamos con energía la depredación del planeta como consecuencia de la explotación descontrolada de sus recursos naturales.

Pero al mismo tiempo, consideramos erróneo llevar esa postura de defensa del ambiente al grado de fundamentalismo maniqueo con que abordan el asunto los militantes ambientalistas. Desde que los seres humanos comenzaron su azarosa aventura sobre la Tierra, su actividad -sea en el rubro que sea- intervino en el medioambiente, fue modificando el paisaje e, inevitablemente, empezó a contaminar la biosfera.

De lo que se trata, pues, es de lograr un equilibrio que permita el desarrollo y el progreso sin afectar el medioambiente. Por eso nos parece acertado que el presidente Mujica esté dispuesto a considerar una modificación al proyecto original que implicaría una explotación de menor porte y el uso del puerto de Montevideo.

 

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