Medio siglo, un anuncio y la incertidumbre

Cuba 

El anuncio sobre la reapertura de las embajadas de Estados Unidos y Cuba se replicó por todos los medios del mundo. Aquí, dos miradas de los países involucrados y un análisis del politólogo Emir Sader. Es innegable que el reestablecimiento de las relaciones luego de 50 años es importante, aunque no elimina las contradicciones existentes ni garantiza que se llegue al fin del bloqueo.

Foto_ AP

Roberto Molina- Prensa Latina (Cuba) 

No por esperado dejó de sorprender y repercutir en todos los confines del planeta el anuncio oficial de Cuba y Estados Unidos sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de las respectivas embajadas el 20 de julio.

Una lectura de las declaraciones del presidente Barack Obama y del Gobierno Revolucionario cubano, así como las cartas intercambiadas por el mandatario estadounidense y su homólogo de Cuba, Raúl Castro Ruz, ofrecen elementos suficientes para un análisis de la trascendencia del paso iniciado el 17 de diciembre de 2014 y las dimensiones de los desafíos futuros.

Cuba, como era de esperar, mantuvo al pie de la letra sus justas posiciones que datan desde que se inició el proceso de implementación del bloqueo a Cuba en 1961 por el entonces presidente Dwight Eisenhower.

Es decir, se ha cumplido por voluntad mutua una primera etapa de un larguísimo proceso cargado de complejidades.

Y ellas fueron creadas no por Cuba, sino por la espesa red de medidas coercitivas, agresivas, violatorias de las normas más elementales del Derecho Internacional que sucesivas administraciones estadounidenses tejieron para asfixiar a la isla por hambre y necesidades, como reza en sus propios documentos desclasificados.

Por eso, todos los propósitos que se plantean ahora en la alocución pública y en la misiva de Obama a Raúl Castro requieren de una realización práctica que nadie puede suponer expedita ni sencilla.

” Es decir, se ha cumplido por voluntad mutua una primera etapa de un larguísimo proceso cargado de complejidades. Y ellas fueron creadas no por Cuba, sino por la espesa red de medidas coercitivas, agresivas, violatorias de las normas más elementales del Derecho Internacional que sucesivas administraciones estadounidenses tejieron para asfixiar a la isla por hambre y necesidades “

Cuba demanda el fin del bloqueo, algo que solo el Congreso de Estados Unidos puede eliminar por constituir una ley, pero que el presidente de ese país puede contribuir a desmantelar mediante el uso de sus prerrogativas.

También considera indispensable la devolución del territorio ilegalmente usurpado en la bahía de Guantánamo donde radica una base naval del país más poderoso de la tierra, una imposición al pueblo cubano cuando recién había conquistado su independencia de la corona española a fines del siglo XIX.

Además, con todo el derecho que le asiste por haber sido el país brutalmente agredido durante más de medio siglo, pide que se levanten las ilegales trasmisiones radiales y televisivas hacia su territorio y que cesen las acciones subversivas y desestabilizadoras internas.

A nadie debe extrañar que también reclame compensación a su pueblo por daños humanos y económicos causados por las políticas de las administraciones estadounidenses desde 1959 hasta la fecha.

De acuerdo con la cancillería cubana, considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, la afectación económica asciende a un billón 112 mil 534 millones de dólares, a pesar de la reducción del precio del oro en comparación con el período anterior. A precios corrientes, durante todos estos años, los perjuicios superan los 116 mil 880 millones de dólares.

Si Alemania enfrentó reclamos de indemnización por sus criminales actos durante la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos los tiene de Vietnam, ¿por qué Cuba no puede pretender lo mismo por tanto acoso y dolor causados? 

No obstante su retórica pragmática, las declaraciones de Obama del 1 de julio deslizaron sutilezas que no deben de pasar inadvertidas.

Decir que “con el paso del tiempo, nuestros esfuerzos por aislar a Cuba, a pesar de las buenas intenciones, tuvieron un efecto opuesto” es cuando menos engañosa.

” No obstante su retórica pragmática, las declaraciones de Obama del 1 de julio deslizaron sutilezas que no deben de pasar inadvertidas. Decir que ‘con el paso del tiempo, nuestros esfuerzos por aislar a Cuba, a pesar de las buenas intenciones, tuvieron un efecto opuesto’ es cuando menos engañosa “

En los propios documentos oficiales de Washington consta que el propósito de esa política genocida no admite dudas de su carácter destructivo. (“De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”).

De acuerdo con fuentes oficiales, tres mil 478 cubanos murieron y dos mil 99 quedaron incapacitados de por vida debido a actos terroristas ejecutados durante medio siglo contra el país, orquestados y financiados desde el poderoso vecino del norte.

Reconocer que esa política aisló a Estados Unidos de sus vecinos del hemisferio, debe servir de lección para acabar definitivamente con ella y no aplicarla a otros estados de la región, mientras que, para los cubanos, representa la expresión más diáfana de que siempre les asistió la razón.

Otro elemento importante lo constituye mencionar al gobierno cubano -hasta ahora, llamativamente, se refería solo al pueblo-, indispensable para poder iniciar un proceso de normalización de vínculos entre dos Estados.

En su carta, Obama señala que al tomar esa decisión, “los Estados Unidos se ven alentados por la intención recíproca de entablar relaciones respetuosas y cooperativas entre nuestros dos pueblos y gobiernos, congruentes con los propósitos y principios consagrados en la Carta de la ONU”.

Estos recientes anuncios demoraron 50 años. Para la historia podrá ser apenas un soplo de tiempo, pero para la persona humana representa toda una vida. Y muchas se han perdido en la isla como consecuencia de la hostilidad del Washington oficial.

Cuba presentó sus credenciales, avaladas por más de cinco décadas de incesante batalla diplomática en todos los foros internacionales. Corresponde ahora a Estados Unidos hacer su parte.

Y a los dos países, vecinos tan cercanos, les toca encaminarse hacia una relación digna del pensamiento de los más preclaros próceres de uno y otro lado del Estrecho de la Florida.

 

Jesús Arboleya- Progreso Semanal (Estados Unidos) 

Seis meses después de tomada la decisión política de restablecer relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados, acaba de anunciarse en Washington y La Habana la concreción del acuerdo para formalizarlas y proceder a las aperturas de las respectivas embajadas.

Está claro que, por sí mismo, lo acontecido no elimina las contradicciones existentes ni garantiza su solución, máxime cuando aún persiste el bloqueo económico contra Cuba, considerado por el gobierno cubano como un impedimento para la plena normalización de las relaciones. También Obama ha reconocido esta realidad y nuevamente ha solicitado al Congreso que derogue las leyes que respaldan esta política, un objetivo difícilmente alcanzable en lo que resta de su mandato.

Aun así, lo alcanzado constituye un hito histórico y plantea un nuevo escenario de cara al futuro de las relaciones entre los dos países, con implicaciones no solo simbólicas, sino prácticas en la conducción de sus respectivas políticas.

En el caso de Cuba, implica el reconocimiento por parte de Estados Unidos de la legitimidad del gobierno cubano y, en consecuencia, de la legalidad de su política nacional, lo cual tiene importantes consecuencias para el desarrollo de las futuras negociaciones.

Para solo citar
algunos ejemplos, asuntos como la definición de “tráfico de propiedades confiscadas”, término utilizado para desconocer el derecho cubano a la nacionalización y sus relaciones con terceros; la no aplicabilidad de la “doctrina del acto de Estado” para la protección de los intereses cubanos en Estados Unidos o el desconocimiento de los derechos intelectuales y de marcas cubanas en el mercado de ese país, hasta ahora prácticas establecidas en la política estadounidense hacia Cuba, constituyen actuaciones legalmente insostenibles en el contexto de relaciones diplomáticas corrientes, por lo que en algún momento tendrán que ser revisadas por la parte norteamericana.

” Para Estados Unidos el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba constituye un precedente doctrinario en su política exterior que no puede ser ignorado, toda vez que muestra una inteligente adecuación no solo de la política hacia Cuba, sino en relación a los cambios que están teniendo lugar en el resto del mundo, especialmente en América Latina y el Caribe “

También implica una transformación esencial del entorno en que se desarrollan las relaciones internacionales de Cuba y su inserción en el mercado mundial, al margen de lo que demore la eliminación del bloqueo económico norteamericano. Ello tiene, además, resonancia hacia lo interno de la sociedad cubana, sobre todo en el campo económico, pero también en otras esferas de la vida nacional, envuelta en sus propias transformaciones.

Para Estados Unidos el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba constituye un precedente doctrinario en su política exterior que no puede ser ignorado, toda vez que muestra una inteligente adecuación no solo de la política hacia Cuba, sino en relación a los cambios que están teniendo lugar en el resto del mundo, especialmente en América Latina y el Caribe, tal y como ha dado a entender el propio presidente Obama en su más reciente declaración y en otros momentos de este proceso.

Lo más importante quizá, es que constituye un paso prácticamente irreversible en las relaciones entre los dos países, cualquiera sea el resultado de las elecciones presidenciales de 2016. Por otra parte, jerarquiza y facilita la comunicación entre ambos gobiernos; consolida el clima de la negociación para la solución de los conflictos y otorga credibilidad al proceso de normalización de relaciones, estimulando a las fuerzas que lo respaldan en Estados Unidos y en Cuba, más allá de las diferencias y desconfianzas aún existentes.

Es también una señal para el mundo. A pesar de la asimetrías de poder entre los dos países, ha sido posible resolver un complejo problema del diferendo histórico entre ambos, mediante métodos pacíficos, en un marco signado por la igualdad y el respeto a la soberanía de las partes, lo que puede ser interpretado como un ejemplo de lo que debiera ser la convivencia internacional, donde Estados Unidos desempeña un papel determinante. Ello explica el respaldo que tal hecho ha tenido en todo el planeta y las esperanzas que ha generado.

 

Emir Sader- Alainet (Ecuador) 

Cuando recibió de vuelta, derrotado, en Washington, lo que había quedado de la banda de los 1500 mercenarios que EUA había enviado para intentar invadir a Cuba, John Kennedy recibió una bandera cubana que el grupo había llevado en su aventura. Kennedy la guardó y prometió que la devolvería en Habana, en una “Cuba democrática”.

La aventura de la invasión de Playa Girón, Kennedy la había recibido de su antecesor, Dwight D. Eisenhower. Fue un proyecto paralelo a la ruptura de relaciones con Cuba, después de que los otros intentos de ahogar la Isla hubieran fracasado.

EUA tomó en serio el lema de las elites cubanas: “Sin cota, no hay país”.  Cuando Cuba apeló a la URSS como alternativa a la suspensión de compra de la zafra cubana, quedó la alternativa de la ruptura de relaciones, creyendo que sería el golpe final en el nuevo régimen. El bloqueo económico empezaba en ese momento.

Los funcionarios norteamericanos se retiraron del inmenso edificio en el Malecón habanero, de arquitectura bien al estilo norteamericano, el edificio más alto de la ciudad, donde desde el último piso, según la leyenda, se podría ver a Miami. Yo estuve muchos años después en el edificio, cuando abrigaba una representación de EUA, para relaciones informales con Cuba, en reunión con el más progresista y más importante diplomático norteamericano en Cuba – Wayne Smith.

Entrar era como entrar en el territorio de los EUA, con todos los mecanismos de control de un aeropuerto, así como el mismo tipo de personal.  Wayne me desmintió que se pudiera ver a Miami desde el último piso. Pero es extraña la sensación de estar dentro de un bunker en pleno Malecón habanero. A la salida, aguarda a cualquiera, la famosa frase de Fidel: “Señores imperialistas, prepotentes y arrogantes: No les tenemos absolutamente ningún miedo”, a confirmarnos que del lado de afuera nos espera siempre la acogedora Habana.

” Obama dijo que la bandera norteamericana será izada “con orgullo” en Cuba. Hubiera sido entregada a los mercenarios a los que Kennedy había prometido entregar la bandera cubana, podría ser con orgullo. Pero la bandera de los EUA vuelve a ser izada en una Cuba revolucionaria, 9 presidentes norteamericanos después “

En ese edificio volverá a estar la bandera norteamericana, el 20 de julio. Wayne se acuerda todavía cuando, en abril de 1961, salió con el último personal de la embajada, con enorme tristeza, sin saber cuándo volvería a Cuba. Volvió como representante de negocios, durante la presidencia de Jimmy Carter, cuando pude encontrarme con él.

En contrapartida, el mismo día 20 de julio, en el viejo caserón de Washington, que había sido embajada cubana en la capital de EUA desde los tiempos de Batista, antes de la victoria de la Revolución, será izado nuevamente la bandera de Cuba. En 2013 pude estar en una recepción en ese caserón que, a su vez se parece a los viejos caserones de la elite cubana, en la zona de 5ta Avenida, en Habana.

Obama dijo que la bandera norteamericana será izada “con orgullo” en Cuba. Hubiera sido entregada a los mercenarios a los que Kennedy había prometido entregar la bandera cubana, podría ser con orgullo. Pero la bandera de los EUA vuelve a ser izada en una Cuba revolucionaria, 9 presidentes norteamericanos después, 54 años después de que la bandera norteamericana hubiera sido sacada de la embajada.

54 años después de iniciar el bloqueo económico, fracasado, conforme las mismas confesiones de Obama, en su discurso de retomada de las relaciones diplomáticas con Cuba. Es por lo tanto, con vergüenza, derrotados y no con orgullo, que vuelven a Cuba. La bandera cubana, a su vez, vuelve victoriosa a Washington. Bandera – un rubí, 5 franjas y una estrella – de un país que no se abatió frente al bloqueo de más de medio siglo, del intento de invasión de Playa Girón, de la crisis de 1962, de tantos intentos de sabotaje y asesinato de Fidel.

 

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