Antonio Gil, caballero del Reino de la Araucanía

La curiosa historia del Reino de la Arucanía, la supuesta pretensión francesa sobre esas tierras y la manera en que el escritor chileno Gil recibió la distinción de Caballero de Acero se entremezclan en el territorio que aún reclaman los mapuches. El príncipe Philippe I, el sexto aspirante al trono desde que murió el autoproclamado rey Orelié Antoine, falleció el pasado 5 de enero. Su sucesor es Jean-Michel Parasiliti di Para, Felipe IV. El asunto es tomado muy en serio por algunos y muy en broma por otros.

 Simón Espinosa – The Clinic (Chile)

Son las 4 de la tarde en Providencia, un señor de 59 años, cabeza prácticamente calva y barba cana, está sentado en un mullido sillón de cuero negro. En la esquina de una pared de su departamento cuelga un diploma con letras itálicas, esas bien curvilíneas también utilizadas en pergaminos amorosos. El documento dice que el Príncipe Philippe del Reino de la Araucanía, otorga la honorable distinción de Caballero de la Corona de Acero, y también de Conde de Detif, al tipo que está sentado frente a mí. Dos medallas, una regular y otra con forma de corona, se suman a las pruebas de su vínculo con la realeza araucana. Todas estas condecoraciones le habrían sido entregadas en Chiloé hace algunos años, por el Cónsul General de la Casa Real. El Caballero en cuestión no es otro que el escritor y columnista Antonio Gil.

“Yo andaba pescando en el sur y conocí a un personaje que se llama Jack Denard, que hacía las veces de Cónsul General del Reino –al parecer se autoproclamó, todos hacen eso-, él me pidió que le mandara reportes sobre el Internado Campesino de Cholchol, un instituto mapuche en que hacían clases y enseñaban a los niños a estar orgullosos de su herencia, pero que el Estado chileno acusó de adoctrinamiento antipatriótico. Tiempo después el Cónsul General me agradeció los reportes de la manera más insólita”, recuerda Gil.

El Reino de la Araucanía fue fundado por Orélie Antoine de Tounens el 17 de noviembre de 1860. Muchos dicen que estaba algo demente y, en efecto, durante el gobierno de José Joaquín Pérez lo mandaron directo al loquero, con una linda camisa para autoabrazarse, por “perturbar el orden público”. Sin embargo, explica Gil, “hay una historia que no se ha contado, una historia del intento francés de tomar tierra en América. Porque mientras Orélie estaba en la Casa de Orates, un buque francés andaba dando vueltas por la costa. Una huevá muy sospechosa”.

Es importante hacer notar que ese mismo presidente que no le dio pelota al Rey, fue el que, en 1861, inició el proceso de “Ocupación o Pacificación de la Araucanía”, un asunto que no tuvo nada de pacífico. El coronel Cornelio Saavedra puso precio a la cabeza de Orélie Antoine y la de varios loncos. “La Guerra de Arauco no ha terminado, el Estado de Chile no la ha ganado, como los españoles no la ganaron tampoco, ahí está todavía”, argumenta el Caballero Gil.

“Hay una historia que no se ha contado, una

historia del intento francés de tomar tierra en América 

El Reino de la Araucanía también es llamado “Nueva Francia”, y si bien jamás fue reconocido tampoco por ese país, fue el Cónsul francés quien intervino personalmente para que sacaran a Tounens de la casa de locos a la que había sido confinado en Los Ángeles. A pesar de la reacción esperable como consecuencia de la humillación que sufrió el Rey, el cuento francés no terminó ni perdió vigor, al contrario; súbditos, cortesanos autoproclamados y pretendientes al trono pronto nacerían para darle un nuevo impulso al relato. La realidad se acercaba cada vez más a la ficción.

“Con Denard nos encontramos en Quellón, Chiloé, en un antro de última que se llamaba “Lily”, estábamos los dos solos y los parroquianos del lugar, que no entendían nada, nos veían a nosotros dos tomando bajativo chilote, borrachos y él pasándome un diploma y la medalla de la Corona de Acero. Así me convertí en un Caballero del Reino de la Araucanía, por mis méritos –se ríe-. Después me tuve que ir en bote, más mareado que la chucha y no por el oleaje”, cuenta Gil sobre la singular reunión de 1998 en la Isla Grande de Chiloé.

La condecoración llegó a Gil durante el reinado del príncipe Philippe I, el sexto pretendiente al trono desde la muerte de Orelié Antoine, único rey. Philippe I falleció el pasado 5 de enero, el Reino hoy está de luto pero aún así se celebró la sucesión al trono que condecoró al ex militar y doctor en historia, Jean-Michel Parasiliti di Para, como Felipe IV príncipe del Reino de la Araucanía y la Patagonia. “Hay dos tipos de personas metidas en este asunto, las que de frente lo toman como chiste y las que se lo toman muy, pero muy, en serio” dice Gil, quien asegura que, claramente, no pertenece al segundo grupo.

Otra verdad sobre el Reino de la Araucanía

Reynaldo Mariqueo ostenta la condecoración de Caballero de la Corona de Acero, es Encargado de Relaciones Exteriores y además fue designado por la comunidad Mapuche como su representante ante la Unión Europea. A diferencia de Gil, Mariqueo defiende la legitimidad del Reino y argumenta que su historia “está relatada desde el punto de vista de quienes le negaban al mapuche su independencia”. La justificación de la soberanía del Reino, relata Mariqueo, se basa en la firma del tratado de Quilén –Killen- en 1641, en la que la Corona Española reconoce las fronteras del pueblo Mapuche, convirtiéndolo en sujeto de derecho y nación soberana. Sobre este precepto operaría la Constitución de Reino de Orelié Antoine. “Que a Chile no le haya gustado que los mapuches adoptasen un nuevo sistema de gobierno es otro asunto, y es por lo demás una cuestión que no les era de su competencia, ya que fue un asunto de política interna de un Estado soberano”, explica Mariqueo.

 

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