La brasilera que buscará el Oscar

Brasil

La película “¿A qué hora ella vuelve?”, de la directora Anna Muylaert, es una viva representación de la transformación que vivió la sociedad con la llegada de Lula. “Pienso que si hay algo que Lula hizo fue subir la autoestima de las clases menos favorecidas”, asegura Muylaert; quien además crítica el exceso de humildad de la mujer y la arrogancia del hombre.

Claudia Rocha y Guilherme Weimann-Brasil do Fato (Brasil) 

“¿A qué hora ella vuelve?” es rotulado por la crítica como un filme de arte. Para la directora Anna Muylaert, sin embargo, el largometraje necesita ser visto también en las periferias del país. Nada más justo, ya que el guión cuenta la historia de Val (Regina Casé), una empleada doméstica que pasó años trabajando en la casa de una familia rica del Morumbí [barrio rico de São Paulo] y su vida se altera por la llegada de Jéssica (Camila Márdila), su hija, que fue dejada en el Nordeste y ahora está en São Paulo para rendir examen de ingreso a la universidad.

Ganador del Festival de Berlín y con premio también en Sundance [Estados Unidos], el filme es la representación brasilera en la disputa por el Oscar. La elección rompió una hegemonía masculina de 30 años de nominaciones de directores hombres y encendió un debate sobre el machismo en el cine.

Incluso con la agenda llena, la directora recibió a Brasil de Fato SP en su casa, el último 12 de septiembre, a la tarde, y habló sobre la repercusión del filme, que ya sobrepasó los 150 mil espectadores. Lea la entrevista:

 Cuando usted tuvo la idea del filme, ¿el objetivo era poner el foco en el retrato de las relaciones humanas o la idea ya era debatir cuestiones políticas?

Yo no pensé en la política mientras estaba elaborando el guión. Quería darle un mejor destino a la hija de la empleada. En mi cabeza de dramaturga, quería sacar el cliché de la maldición de la repetición. Durante muchos años, el camino era igual, la hija venía para acá para ser peluquera y terminaba como doméstica, igual que la madre. Me determiné a cambiar eso. A partir del primer día en que presenté la idea, la asociación con el retrato del período pos Lula fue inmediata. El filme estaba más enraizado en la realidad de lo que yo creía.

Hablando un poco sobre esta nueva realidad, que se alteró debido a los diversos programas sociales implantados en la última década, ¿usted cree que hubo un cambio en la autoestima del brasilero?

A partir de Lula, sin duda, hubo un trabajo de mejora de la autoestima, tanto por el Subsidio Familiar y por los cupos raciales en las universidades, sino también por la Copa Mundial de Fútbol y las Olimpíadas. Pienso que si hay algo que Lula hizo fue subir la autoestima de las clases menos favorecidas. Pero eso es un pequeño comienzo, la cuestión de la educación todavía está muy atrasada, en relación con los países europeos, por ejemplo, que son socialmente más democráticos. Aquí, dimos un pequeño paso hacia el derecho a la ciudadanía.

Sobre el personaje Jéssica, ¿cómo encara usted el hecho de que algunas personas interpretaron a ella como una persona ‘metida’, cuando en realidad ella sólo quiere ser tratada como los otros huéspedes de la casa? ¿Como pensó usted su personalidad?

Ella fue una niña que tuvo educación, a pesar de no tener dinero. Además, ella no tuvo empleada, por lo tanto, ni conocía esas rígidas reglas separatistas. Mi idea es que ella llegaría con una inocencia. Pero claro, al darse cuenta de aquellas relaciones, simplemente no lo cree. En su cabeza, aquellas reglas no significan nada. Hay quien cree que ella es arrogante y hay quien piensa que ella es maravillosa. Dependiendo de lo que uno piense de Jéssica queda claro a quien usted vota.

Fueron realizadas cabinas [sesiones de prueba con el público] sólo con empleadas domésticas. ¿Cómo fue su reacción? ¿Y los patrones? ¿Llegó a ser víctima de algún discurso de odio por causa del filme?

Supe que, después de la sesión, hubo un desahogo de parte de un grupo [de las domésticas], con cosas que tenían hace mucho tiempo en la garganta. Pero muchas quedaron bastante trabadas. Ese juego de reglas es un juego invisible. El filme trata mucho con los dos lados. Tanto con el patrón, que sale del cine y dice que va aumentarle el salario a la empleada, como con ellas, que se ven representadas en el filme y quedan motivadas para dejar de aceptar humillaciones. Yo esperaba llegar a ser víctima [de discurso de odio], pero, extrañamente, todavía eso no ocurrió. Los patrones usan el filme como un momento de revisión de actitudes y de valores. Pero ya supe de dos mujeres que levantaron y salieron de la sala indignadas en una de las escenas de Val, lo que encontré muy chocante.

Uno acostumbra bromear con que su filme es un filme de “nadas”, porque los principales puntos están relacionados con situaciones de lo cotidiano, que sólo tiene importancia por el contexto, como es el caso de la problemática en relación con los personajes en la piscina de la casa. ¿Cómo fue esa elaboración del guión?

Yo estaba girando detrás de una solución cuando, en agosto de 2013, seis meses antes de la filmación, mi fotógrafa, la uruguaya Bárbara Álvarez, me dio un libro de Cortázar [escritor argentino Julio Cortázar] con el cuento “Casa tomada”. Así, encontré una solución para Jéssica. Ella vendría inocente de las reglas e iría quebrando esas reglas, hasta ser expulsada de vuelta. Cuando la patrona entra en la cocina y Jéssica está tomando un helado, la escena es casi de un filme de terror. Pero la tensión está justamente en la percepción de las personas. No hay nada malo en el hecho de que una adolescente tome un helado.

Usted optó por retratar a una familia en la que la mujer es protagonista y tiene un papel más autoritario. ¿Tuvo algún motivo específico para esta elección?

No fue una opción consciente. Eso estuvo basado en mi visión de la vida. Creo que actualmente los hombres están muy debilitados frente a las mujeres. Pienso que las mujeres están muy fuertes. Yo, por ejemplo, soy cineasta y crié dos hijos sola. Trabajé con mis dos brazos, mientras buena parte de los hombres trabaja con un solo brazo, ya que llegan a casa y duermen. Pienso que, en América Latina, es muy fuerte este concepto de que el hombre no ayude en la casa. A pesar de estar poderosas, todavía no cortamos el tenue hilo de esa regla machista. Nosotras, las mujeres, necesitam
os decir: ‘estamos haciendo el servicio, entonces no me mandes’. Porque lo que los hombres no hacen, lo hacen las mujeres, y, al final, ellos llegan y se sacan la foto al lado del alcalde. Esto ocurre en todas las clases y en todos los países. Creo que la nueva ola feminista es misión de la mujer decirle al hombre que él está actuando de manera ridícula.

Usted hizo una declaración en la que dice que está incomodando a los hombres por haber incluido la ‘esfera del dinero’ dentro del universo del cine. No sólo en esta área, sino prácticamente en todas observamos esa situación. ¿Cómo fue su trayectoria, usted tropezó muchas veces con el machismo?

Tengo casi 25 años de carrera. Al comienzo, podía hacer el servicio en la casa, pero no podía recibir el crédito. Y yo no exigía. Creo que la mujer tiene un exceso de humildad, mientras que el hombre un exceso de arrogancia. Eso necesita ser equilibrado. Las mujeres terminan equivocándose también porque hay un conjunto de reglas que dicen que el hombre debe estar al frente y la mujer detrás. Después pasé a una condición donde yo tenía el crédito, pero todavía ganaba menos que el hombre, y lo encontraba algo normal. Hay siempre una valorización de lo masculino y una desvalorización de lo femenino. Fueron muchos años para que yo perdiera ese exceso de humildad, que en realidad es un servilismo. La humildad es buena, el servilismo no. La autoestima es buena, pero la arrogancia no. Cuando mi filme comenzó a tener visibilidad, comencé a sufrir un bullying que nunca había sufrido antes, de compañeros míos que decían que si yo llegué ahí era por mérito de ellos. Hoy, con este filme, alcancé un nivel en el cine donde sólo hay hombres como Walter Salles, Fernando Meirelles, Padilha y Héctor Babenco.

¿Cómo fue la relación con Regina Casé? ¿Usted había pensado en ella desde el comienzo del proyecto?

Decidí que Regina (Casé) interpretaría a la protagonista cuando vi el filme “Yo, tu, ellos”. Después de eso, no pensé en ninguna otra persona para el papel de Val. Nuestro proceso de acercamiento fue largo hasta llegar a la filmación que fue bastante complicada como consecuencia del bebé que ella recién había adoptado. Hubo momentos difíciles, principalmente por el calor del verano. Pero lo importante es que artísticamente todo se dio maravillosamente bien. Creo que es, tal vez, la compañera más increíble que jamás tuve.

El filme retrata esa cultura esclavista heredada del período colonial. ¿Hubo investigaciones sobre este tema?

Hicimos una investigación para encontrar al personaje principal, que está inspirado en Edna. Ella fue niñera de mi hijo por aproximadamente dos años y acabó convirtiéndose en mi amiga. Cuando era niña, fue dejada en Bahía por su madre y buscada sólo 10 años después. Sobre esa arquitectura colonial y los espacios de poder dentro de la casa, no fue necesaria prácticamente ninguna investigación, ya que esos valores están presentes en cualquier casa de la clase alta brasilera.

Además de su filme, varios otros abordaron esa misma temática en los últimos años. “Domésticas”, de Gabriel Mascaro, tal vez sea el más evidente. Pero también podemos citar “El sonido de alrededor”, de Kleber Mendonça Filho, y “Casa grande”, de Fellipe Barbosa. ¿Alguno de ellos te influenció?

Tuve una influencia muy grande del filme “El sonido de alrededor”. Me conecto con él porque realmente me gustó mucho, salí del cine temblando. A pesar de ser completamente diferentes, ambos están sacando a diversas personas de la invisibilidad. El documental “Domésticas”, que fue exhibido para nuestro equipo durante la preparación, sirvió de inspiración para la ropa de Val. “Casa grande”, por su parte, fue diferente. Al comienzo de su exhibición, en el Festival de Cine de Paulínia, creí que alguien había hecho el mismo filme que yo. Pero pasados los primeros 30 minutos, el filme abandona el carácter crítico y asume el papel del héroe adolescente, que termina montándose a la empleada, lo que considero retrógrado y machista. En Europa, los espectadores preguntan si esto realmente existe o si es pura ficción. En suma, todo el mundo está abordando un tema que urge porque Brasil todavía está en el siglo XIX. Ésta es una cultura generada en los primeros tiempos de la colonización, cuando los portugueses vinieron a Brasil a explotar el oro y disfrutar a las mujeres. La lógica era el ocio en vez del negocio. Eso no da más, es 7 a 1 en todos los rincones. Es urgente profesionalizar, legislar y respetar a esas mujeres. En Brasil, todavía es normal que el hombre avasalle a la mujer, el blanco al negro y el rico al pobre. Los cineastas están en el cine para eso y lo mejor es que estos filmes están teniendo éxito, porque hace que la gente piense y repiense estas actitudes.

Una joven, que también se llama Jéssica, publicó un artículo en el blog “Nosotros de la Periferia” relatando las semejanzas de su historia con la Jéssica del filme. ¿Cómo está siendo la recepción del público?

Increíble. Estoy recibiendo un mensaje cada cinco minutos. Ayer, un niño me escribió relatando un episodio que ocurrió después de la publicación de una crítica muy bonita que hizo sobre el filme. La patrona de su madre, que es empleada, encontró su texto en un blog, se reconoció en él, y afirmó que cambiaría completamente su postura. Eso para mí ya es un Oscar. Además, alguien de la periferia me invitó a participar en un debate y, al final del mensaje, afirmó que ‘somos todas Val’. Envié como respuesta que también ‘somos todas Jéssica’. En general, la periferia también quiere ver el filme, pero todavía no llegó allí. Al principio, yo tenía la intención de ofrecer un descuento para empleadas domésticas que presentaran la credencial de trabajo. Pero en la primera reunión, mi distribuidor descartó la idea porque la patrona se sentiría mal al sentarse al lado de la empleada. En el mercado capitalista, “¿A qué hora vuelve ella?” es un filme de arte. A pesar de eso, estamos probando lo contrario.

Usted afirmó en algunas entrevistas que el guión comenzó a ser elaborado inmediatamente después del nacimiento de su segundo hijo. ¿Cómo fue ese proceso?

El guión nació del amor por mi hijo. Yo ya había hecho “Castillo Rá-Tim-Bum” y varios otros trabajos, pero cuando tuve al bebé, surgió una fuerza que me hizo decidir que no iba a trabajar por un tiempo. Estuve dos años sin trabajar, pero felizmente vinieron los libros de “Castillo Rá-Tim-Bum”, que me rindieron cuatro o cinco veces más
que el salario en TV Cultura, y me posibilitaron continuar trabajando en casa. Sentí que el proceso de la maternidad me haría crecer y me entregué completamente. Solamente después de mucha insistencia, decidí contratar a una niñera para ayudarme una vez por semana. Inmediatamente, el primer día, la niña vino toda de blanco, tomó al bebé, entró en el cuarto y cerró la puerta. En ese momento, me tiré en la cama y comencé a pasarla mal. Al día siguiente, abrí el juego y asumí que no era posible continuar. No lograba entregar a mi bebé en manos de un desconocido. Por lo menos, en los dos primeros años, es esencial el contacto entre la madre y el hijo. Después menos, porque es necesario aprender a separarse, a desprenderse del hijo. ¿Pero por qué la maternidad no es valorizada? Justamente porque nuestra sociedad exalta sólo lo masculino. Muchas mujeres, y creo que no fue mi caso porque recién había llegado al éxito, se quedan angustiadas en casa mientras el mundo allá fuera está girando. Porque el sinónimo del mundo es éxito, poder y riqueza, mientras que el de la maternidad es amor, cariño y espiritualidad. Sentí que eso es un tema muy fuerte porque el mundo entero está reglado por las leyes masculinas, que son machistas. En realidad, el filme no está basado en nadie, sino en una voluntad de exponer todo eso. Fueron 20 años de investigación, laboratorio y contribución de muchas personas.

Así como el personaje de Fabinho, los recuerdos de la primera infancia de muchos niños brasileros son de las niñeras. ¿Hay solución para esto?

Brasil es esto. Mi niñera, Dagmar, vino a casa cuando yo tenía siete años. Pero, incluso así, logré crear un vínculo fuerte con mi madre porque ella no trabajaba. Mi hermana menor, que tenía tres años, tiene una conexión muy más fuerte con Dagmar. Mi padre, por ejemplo, no me dejaba mirar televisión y por eso hasta hoy no tengo ese hábito. En compensación, mi hermana se sienta con su marido y sus cuatro hijos al frente del aparato, como consecuencia de una herencia que no vino de mis padres. He visto a varios hijos de amigas mías que salen de sus habitaciones para dormir con la empleada. Éste es un debate que tenemos que abrir, pero no tiene una rápida salida. Hace poco, una periodista inglesa me preguntó, en el medio de la entrevista, qué creía yo que ella debería hacer en relación con su hija de siete meses. Obviamente le dije que no tenía una fórmula. Pero si los padres, los hombres, aceptaran la mitad de la responsabilidad no necesitaría ninguna niñera. El padre de mis hijos ayudó como máximo un 2%. Tomé la responsabilidad del otro 98%, además de continuar con mi carrera en el cine. En los países nórdicos, por ejemplo, los hombres tienen seis meses de licencia por paternidad. Si un hombre limpia el trasero de un niño, es claro que se transforma, madura y crea una relación de intimidad con su hijo. Además, en Europa, hay más guarderías infantiles disponibles. Aquí en Brasil, o la mujer deja a su hijo en la casa de su madre o lo da a alguien. Ésta es una discusión muy importante porque la mujer nunca más va a dejar de trabajar, “somos todas Jéssica”.

Existe una gran dificultad para hacer cine independiente en Brasil y, consecuentemente, de pautar cuestiones más complejas. En este caso, a pesar de la crítica social, fue distribuido por la Globo Filmes. ¿Cómo se construyó esa relación?

Toda la cadena del cine entiende que es un filme de arte. Hasta la propia Regina Casé ya dio una entrevista afirmando que no sabía si iba a llegar al gran público. Lo que caracteriza al blockbuster brasilero es ser televiso. Un filme de éxito no puede tener sólo a Regina, sino que debe ser filmado con encuadre, luz y superficialidad de las novelas. La industria, por entender que las personas buscan productos con un lenguaje familiarizado, invierte dinero sólo en esas producciones. Mi filme no tiene nada de eso. En relación con la Globo Filmes, el filme llegó listo por allá. El jefe, Edson Pimentel, es un apasionado por el filme y creyó en su potencia. No hubo un gran dinero invertido en publicidad, no estamos en los ómnibus, carteles en la vía pública, etc. Estamos sólo en facebook y en el boca a boca. La Globo Filmes está abriendo puertas dentro de su programación, pero, en el fondo, éste es un filme de guerrilla. A pesar de haber sido tratado como un filme de arte, la taquilla está probando exactamente lo contrario. 

 

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