Amanecer en paz

Colombia
Especial

Este lunes será recordado como el día en el que los fusiles dejaron de sonar. A partir de hoy, un conflicto armado de más de cuarenta años culmina con el cese al fuego bilateral y el fin de las hostilidades del gobierno con las FARC. Aquí, dos opiniones contrapuestas sobre el documento definitivo que se conoció la semana pasada. La sociedad, entre la alegría y la desconfianza. 

Redacción- Semana (Colombia)

Las armas de las FARC, que sembraron miedo durante 52 años, quedaron en silencio a partir de la medianoche. A las 00:00 de este lunes 29 de agosto, el conflicto armado con esta guerrilla, la más antigua del continente, llegó a su fin.

Comenzó así el esperado cese al fuego bilateral y definitivo, decretado desde el pasado jueves por el presidente Juan Manuel Santos, y reconfirmado este domingo cuando el máximo jefe de las FARC dio la misma orden a sus casi 8.000 hombres armados.

“En mi condición de comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP ordeno a todos nuestros mandos, a todas nuestras unidades, a todos y cada uno de nuestros y nuestras combatientes a cesar el fuego y las hostilidades de manera definitiva contra el Estado colombiano a partir de las 24.00 horas de la noche de hoy”.

Al pronunciar esas palabras, desde La Habana, Rodrigo Londoño Echeverry, alias ‘Timoleón Jiménez’, pasó a la historia como el comandante de las FARC que dio la orden de silenciar los fusiles, el paso más crucial hacia la paz en Colombia tras cinco décadas de conflicto.

Editorial- El Espectador (Colombia)

La foto de los equipos negociadores del Gobierno y la guerrilla de las Farc, que se publicó junto con el anuncio de que por fin, después de cuatro años, hay un acuerdo sobre todos los puntos para ponerle fin al conflicto es histórica, y será vista como un símbolo de que en esta Colombia tan acostumbrada a la sangre hay otra forma de hacer las cosas. Independientemente de lo que suceda de ahora en adelante, hay mucho que celebrar y que reconocerle a este proceso.

Sobra recordar el anuncio del comienzo formal de los diálogos, los discursos, la pretendida arrogancia de las Farc, el cuidadoso optimismo del Gobierno, el abismo de distancia entre dos enemigos históricos para ver lo que ocurre cuando el diálogo y la sensatez priman sobre las emociones. Comparar la foto publicada el martes en la noche con la actitud de hace unos años, y con la agresividad que se vio en los momentos de crisis, es suficiente prueba de los réditos que produce insistir en entendernos y llegar a puntos en común.

” Ahora viene el momento de analizar lo pactado. Independientemente de si los colombianos concluyen que es un mal acuerdo, que podría ser mejor, lo que no pueden permitirse olvidar es el largo camino que nos ha traído hasta aquí, todo lo que hemos perdido como sociedad, y cómo nunca hemos tenido una propuesta tan cercana para desarmar a las Farc “

No en vano la paz, entendida como el desarme y el fin del conflicto con las distintas guerrillas, ha estado en la agenda de todos los presidentes. Lo vimos con las treguas que Belisario Betancur logró con las Farc, el M-19 y el Epl, que luego fracasaron estruendosamente; con la desmovilización del M-19 durante la Presidencia de Virgilio Barco; con la desmovilización del Prt, el Epl, el Movimiento Armado Quintín Lame y la Corriente de Renovación Socialista durante el gobierno de César Gaviria, así como su fracaso en las negociaciones con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (unión de las Farc y el Eln), que recrudeció el conflicto; con los acercamientos infructuosos de Ernesto Samper; con los diálogos del Caguán de Andrés Pastrana; con la desmovilización de los paramilitares de Álvaro Uribe y sus intentos fallidos de acercamiento con las Farc y el Eln.

Todos esos esfuerzos, plagados de avances, errores, traiciones, mentiras y abusos alimentaron con enseñanzas los diálogos que emprendió el presidente Juan Manuel Santos. Y, a su vez, son una muestra de la dificultad histórica que enfrentaba este esfuerzo. La desconfianza de ambas partes, así como su resentimiento, han tenido tiempo para madurar y afianzarse.

Que hoy podamos decir que por primera vez en la historia hay un acuerdo definitivo con las Farc para poner fin al conflicto es un homenaje a todos esos intentos fallidos y éxitos progresivos, a todas las víctimas que han sufrido este conflicto, y una muestra que el presidente y su equipo, liderado por Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle, hicieron lo correcto al apostarle todo su capital político y su tiempo a una negociación estructurada, pausada, con espacios para pensar. Haber continuado pese a los múltiples tropiezos, y a las voces que negaban la necesidad de dialogar, fue una decisión acertada. Los felicitamos y, sobre todo, les agradecemos.

” Todos esos esfuerzos, plagados de avances, errores, traiciones, mentiras y abusos alimentaron con enseñanzas los diálogos que emprendió el presidente Juan Manuel Santos. Y, a su vez, son una muestra de la dificultad histórica que enfrentaba este esfuerzo. La desconfianza de ambas partes (…) han tenido tiempo para madurar “

Ahora viene el momento de analizar lo pactado. Independientemente de si los colombianos concluyen que es un mal acuerdo, que podría ser mejor, lo que no pueden permitirse olvidar es el largo camino que nos ha traído hasta aquí, todo lo que hemos perdido como sociedad, y cómo nunca hemos tenido una propuesta tan cercana para desarmar a las Farc. Sea como fuere, por primera vez el país tiene la oportunidad de pensarse sin la existencia de esa guerrilla, y con ello vienen muchas oportunidades de reinventarse y construir una nueva Colombia. Lo definiremos en las urnas gracias a que los negociadores, y el presidente, le cumplieron su promesa al país de darnos una opción concreta para terminar el conflicto.

Héctor Riveros- La Silla Vacía (Colombia)

Lo que se suscribió en La Habana el miércoles pasado es que la guerrilla de las Farc aceptó dejar de existir, desarmarse, someterse al ordenamiento jurídico colombiano contra el que se había rebelado y por tanto dejar de cometer delitos a cambio de un tratamiento judicial especial, unos beneficios jurídicos por colaboración (que incluye el de no ir a la cárcel para quien aporte verdad, esté dispuesto a reparar a sus víctimas y de garantía de no repetición) y unos beneficios políticos y económicos para la reincorporación. El acuerdo además incluyó la obligación estatal de desarrollar un amplio programa de desarrollo rural integral y de adoptar unas reformas para profundizar la democracia.

Ese es el acuerdo, su lectura para decidir el voto lejos de ayudar confunde. Hay apartes, como el de justicia, con un contenido técnico que solo es comprensible por especialistas. Llega a niveles de detalle, como en el componente de desmovilización y desarme, que es innecesario para los ciudadanos comunes y corrientes. Pero sobre todo porque ahí no están los beneficios que como sociedad vamos a recibir por la terminación de la confrontación.

Aunque dice desde la introducción que es un acuerdo para poner fin al conflicto, no es suficientemente expreso en decir que lo que se pactó conduce a la desaparición de la guerrilla, ni resalta que en eso consistía la negociación, en definir las condiciones para que las Farc se acaben. Es tal la confusión que de los documentos muchos que se han preparado para explicar lo pactado ninguno comienza por ese punto que es el central de la negociación casi todos comienzan por explicar que si se cumple el acuerdo habrá una transformación positiva de la situación del campo y etc.

” Quienes cometieron los delitos más graves -incluidos guerrilleros, miembros de la fuerza pública, funcionarios
públicos y civiles- tendrán unas sanciones, menores si se quiere si cumplen esas condiciones y no irán a la cárcel a cambio de esa colaboración para ayudar a satisfacer el derecho que tienen las víctimas a la justicia “

En el acuerdo se detallan los beneficios que recibirán los ex guerrilleros por su desmovilización voluntaria. Tampoco son tantos, ni estrambóticos. Para empezar, tendrán un componente de sometimiento a la justicia mucho mayor que el que se ha pactado en ningún otro acuerdo similar en el mundo. Los actores del conflicto tendrán que aportar al esclarecimiento de la verdad de los hechos (no solo al reconocimiento de haberlos cometido) y a la reparación de las víctimas como hasta ahora nunca ha ocurrido en ningún acuerdo como éste y en Colombia hemos suscrito varios o de “sometimiento a la justicia” de organización criminal alguna incluidos los paramilitares.

Quienes cometieron los delitos más graves -incluidos guerrilleros, miembros de la fuerza pública, funcionarios públicos y civiles- tendrán unas sanciones, menores si se quiere si cumplen esas condiciones y no irán a la cárcel a cambio de esa colaboración para ayudar a satisfacer el derecho que tienen las víctimas a la justicia. Mientras ha durado la confrontación algunas víctimas han tenido reparación estatal y muy pocas han visto satisfecho su derecho a la justicia.

Los guerrilleros desmovilizados recibirán los mismos beneficios económicos que han recibido en los últimos años decenas de miles de miembros de grupos armados que han desertado. Lo que les darán (que será alrededor de 24 millones de pesos según la suma que han hecho los opositores) es incluso inferior a lo que recibieron los miembros de grupos paramilitares que participaron en el acuerdo que esos grupos hicieron con el gobierno del ex presidente Uribe.

” En el acuerdo, en cambio, no se expresan los múltiples beneficios que tendrá la sociedad como consecuencia de la terminación del conflicto, por eso el interés de los opositores de centrar el debate en el contenido del acuerdo y de insistir en la famosa ‘pedagogía’ porque en ella se remarcan los beneficios que recibirán los guerrilleros “

Los beneficios políticos se limitan a reconocerlos como partido político, darle durante unos años una financiación equivalente a la que recibe otro partido (un poco menos que lo que recibe la U o el Partido Liberal y algo similar a lo que le dan al Partido Conservador) y garantizarle una representación mínima durante una etapa de transición, que resultó inferior de la que se esperaba. Serán cinco curules en el Senado y cinco en la Cámara. La Corriente de Renovación socialista, una pequeña disidencia del ELN (430 guerrilleros) que se desmovilizó en 1994 recibió dos curules en la Cámara.

En el acuerdo, en cambio, no se expresan los múltiples beneficios que tendrá la sociedad como consecuencia de la terminación del conflicto, por eso el interés de los opositores de centrar el debate en el contenido del acuerdo y de insistir en la famosa “pedagogía” porque en ella se remarcan los beneficios que recibirán los guerrilleros a cambio de su desmovilización voluntaria y no se dice nada sobre los muertos que nos evitamos, la plata de la guerra que nos ahorraremos, los potenciales desplazados que no serán desplazados y el larguísimo etc de dolor y sufrimiento inenarrable que ya no ocurrirá si la mayoría de los colombianos votamos por el SÏ el próximo 2 de Octubre.

En el acuerdo tampoco dice, claro, qué pasa si por el contrario la mayoría de los colombianos lo rechazan votando por el NO y los promotores de esa opción tampoco lo dicen.

Si usted es de los que está de acuerdo con el acuerdo no le pida al que tenga dudas que lo lea. En ese caso sería mejor recomendarle leer la detallada traducción que han hecho en La Silla Vacía. Pero lo verdaderamente útil será explicarle que si acepta esas condiciones se van a acabar las Farc, que dejarán de pasar las cosas que han pasado durante todos estos años y que ahora sí podremos dedicarnos a resolver los problemas de éste país.

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