Al calor del verano argentino

Los coletazos de la insurreción policial, los saqueos, la situación de las provincias, las demandas sociales y los cortes de energía hicieron de este diciembre otro verano caliente política y climáticamente. En una columna de Mario Wainfeld se describen estos factores que no son nuevos en Argentina a fin de año.

Mario Wainfeld – Página 12 (Argentina)
Lo que traen, o más bien resaltan, los veranos son la ampliación de derechos y de consumo a niveles altísimos. Las vacaciones son un derecho de los trabajadores que concretó el primer peronismo. El kirchnerismo recuperó su nivel masivo, que supera records de turismo interno e internacional, de ocupación de plazas, de consumo y de beneficiarios. Hay más autos, más motitos, más veraneantes, más aparatos de aire acondicionado. Cuando se habla de millones de consumidores con acceso a más bienes, se habla de trabajadores que mejoraron su nivel de vida.
En una sociedad capitalista es un ascenso disfrutar de más bienes y servicios, otrora reservados a sectores minoritarios. “Otrora” no es sinónimo del Medioevo sino de un puñado de años atrás. La mejora de las condiciones colectivas es un hecho innegable que conlleva una reducción de las asimetrías sociales y económicas.
De cualquier manera, la Argentina sigue siendo una sociedad desigual, enclavada en la región más desigual del mundo. Para precisar más, entrando en la necesaria gama de los grises: es uno de los países menos desiguales dentro de la América latina. El menos inequitativo entre los más grandes, por ejemplo. Y también más desigual que en otros tramos de su propia historia.
Los veranos y los diciembres también son momentos de tensiones sociales. Los saqueos, sus conatos o amenazas son parte del cuadro. También el cambio de los sujetos que acuden a esa práctica social. Antes los motivaba la necesidad extrema, ahora puede ser consecuencia de otras ansiedades o la explotación aviesa de una práctica que aviva recelos, temores… y concesiones.
Remezones de provincias: Las asonadas policiales resultaron exitosas porque terminaron con una seguidilla de mejoras salariales en muchas provincias. El método utilizado es injustificable pero los resultados fuerzan a suponer que si no hay reformas importantes, se repetirá más adelante.
Solo para empezar, los pactos firmados con los gobernadores serán una mochila pesada para el 2014. No solo por su impacto estricto en las arcas provinciales sino porque servirán de referencia en otras negociaciones del sector público. Si la paritaria docente era el termómetro previo, el “caso testigo”, ahora lo será la de los uniformados.
Temporada caliente: Los cortes de energía eléctrica o la escasez de la oferta por picos de consumo son otra constante, que puede advenir en verano o en invierno. No es serio homologarlos a los que se padecieron a finales del mandato del presidente Alfonsín: esa era una etapa de subconsumo e hiperinflación. Pero los padecimientos de los ciudadanos usuarios son tangibles, sus derechos básicos están afectados. La responsabilidad de los concesionarios es flagrante, incluirla en el debate público es lícito y necesario. El deber del Gobierno no es solo hacer un buen diagnóstico de las causas sino también proveer las soluciones.
Trayectorias: Para abatir la capacidad de lucha de la sociedad civil o domesticarla mucho fueron necesarias la barbarie dictatorial o las condiciones oprimentes de los noventa. La decisión criminal de la dictadura o la desaprensión neoliberal del menemismo y de la Alianza arraigaron en circunstancias afligentes, que son difíciles de repetir porque se ha avanzado mucho.

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