Ahora resulta que no hay amenaza

Venezuela 

La desmentida de Estados Unidos sobre la supuesta amenaza que representa Venezuela demuestra que en la unidad regional está la fuerza. El cambio de discurso de Washington responde a la presión mundial contra su ofensiva, pero sobre todo a la solidaridad expresada por toda América. Además, exhibe que detrás de su campaña no hay más que un designio injerencista y neocolonial. 

Ibis Frade Bito- Prensa Latina (Cuba) 

Estados Unidos asume hoy una posición diferente con respecto a Venezuela y cambia su discurso contra este país ante la presión mundial y la solidaridad expresada tras la orden ejecutiva de Washington del 9 de marzo.

Así destacó la víspera el presidente venezolano, Nicolás Maduro, al referirse a las recientes declaraciones de representantes del Consejo estadounidense de Seguridad Nacional (CSN).

Según dijo el alto integrante de esa entidad Ben Rhodes, “Estados Unidos no cree que Venezuela represente alguna amenaza para su seguridad”.

Mientras, a juicio del responsable para América Latina del CSN, Ricardo Zúñiga, la Casa Blanca no tiene “ningún programa hostil” con relación a Venezuela.

Pero para la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, fue una irresponsabilidad del gobierno norteamericano catalogar a este país como una amenaza, además de ser un documento sin legitimidad y eficacia jurídica.

Algunos funcionarios estadounidenses, con la intención de aminorar el impacto de esa acción, afirman ahora que Venezuela no es una amenaza y solo se trataba de un lenguaje, de una proforma administrativa usada normalmente cuando emiten ese tipo de leyes, detalló la Ministra. Si los asesores del presidente Barack Obama se pronuncian de esta forma, Estados Unidos debe derogar el decreto, consideró.

” ‘Algunos funcionarios estadounidenses, con la intención de aminorar el impacto de esa acción, afirman ahora que Venezuela no es una amenaza y solo se trataba de un lenguaje, de una proforma administrativa usada normalmente cuando emiten ese tipo de leyes’, detalló la Ministra”

Días antes, la subsecretaria norteamericana de Estado para Latinoamérica, Roberta Jacobson, manifestó sentirse “decepcionada” por el amplio rechazo generado en el área contra las sanciones de la Casa Blanca a este país. Me decepcionó la falta de apoyo a la medida de Washington pues no se entendió que no eran para dañar a los venezolanos o su Gobierno, apuntó la funcionaria. Los líderes latinoamericanos usan un tono que demoniza a Estados Unidos, como si fuera la fuente de los problemas de Venezuela, indicó Jacobson.

Sin embargo, los pueblos de Latinoamérica leen correctamente lo que significa el decreto de Washington, le ripostó el Jefe de Gobierno del Distrito Capital, Ernesto Villegas. América Latina los seguirá “decepcionando” ante cada intento de sojuzgar a los pueblos, añadió. Los países del continente consideran inaceptable el decreto de Estados Unidos, incluso aquellos opuestos a la visión ideológica en Venezuela, destacó.

Con esa orden ejecutiva está en juego la soberanía de las naciones por ello la comunidad internacional apuesta por una relación de respeto y de igualdad, subrayó Villegas.

Venezuela forma parte de los objetivos de Washington desde hace tres quinquenios y la hostilidad arreció con la declaratoria que señala a esta nación como una amenaza con el fin de justificar sanciones contra funcionarios locales, puntualizó el ministro venezolano de Defensa, Vladimir Padrino. Según ha demostrado la historia, las intervenciones militares del imperio norteamericano van precedidas por ese tipo de acciones, alertó.

“En otras oportunidades, tras decretos como el dictado por Obama, llegaron agresiones militares: sucedió en Nicaragua, Panamá y también en Iraq, Afganistán y Libia”.

 

Teófilo Santaella- Aporrea (Venezuela) 

El señor Barack Obama prendió el candelero y ahora no encuentra como apagarlo. Está desesperado, cuando faltan pocas horas para la instalación de la Cumbre de Las Américas. Nunca pensó el presidente afro-norteamericano que el tiro le iba a salir por la culata. Nunca pensó este señor que detrás del liderazgo de Nicolás Maduro, había un chavismo resteado con el legado del Comandante Supremo de la revolución, Hugo Chávez Frías, así como un pueblo arrecho dispuesto a defender su Patria y su soberanía.

Jamás pensaron los asesores de quien se creyó ser el amo del mundo, que la amenaza proveniente del imperio causaría una desbanda en el chavismo y el resto de las fuerzas revolucionarias, nucleadas en el Gran Polo Patriótico. Pero resultó otra cosa. El chavismo se unió, férreamente, a su líder. Y las bravuconerías del imperio de pronto, por “arte y magia” de la unión de pueblos de América Latina y del Caribe, no le quedo otra que arrugar.

“Una vez más se demuestra que en la unidad está la fuerza para vencer al más pintado, así se llame Estados Unidos. Hugo Chávez no sólo despertó a los venezolanos que aman a su Patria, sino que igualmente despertó a los pueblos de este Continente y más allá. ¡Qué pena para los lacayos criollos!”

Una vez más se demuestra que en la unidad está la fuerza para vencer al más pintado, así se llame Estados Unidos. Hugo Chávez no sólo despertó a los venezolanos que aman a su Patria, sino que igualmente despertó a los pueblos de este Continente y más allá. ¡Qué pena para los lacayos criollos! Esa gentuza traidora representada en cuatro personas: Leopoldo López, María Machado, Antonio Ledezma, Henrique Capriles. El resto de nombres no pasan de ser unos tontos útiles de la derecha radical nacional e internacional. Se les esfumo la esperanza de que los marines mancillaran al suelo de Simón Bolívar y Hugo Chávez.

Una derrota más. Y pronto se les hará morder el polvo en las elecciones para la Asamblea Nacional. Esta oposición mediocre venezolana no aprende, a pesar de los trancazos que se lleva de manos del chavismo. Más de 10 millones de firmas contra el “Decreto Obama” hicieron que el gringo agresor reculara. Pero no se salvará de la “pela” que le darán los mandatarios dignos en la Cumbre de Las Américas, en Panamá. ¡Los pueblos unidos, jamás serán vencidos!

 

Editorial. La Jornada (México) 

La confesión permite aquilatar la frivolidad y la irresponsabilidad con que actuó el ocupante de la Casa Blanca al afirmar que el gobierno de Nicolás Maduro era una amenaza extraordinaria e inusual para Washington y exhibe que detrás de la campaña estadunidense contra la nación sudamericana no hay más que un designio injerencista y neocolonial, inspirado a su vez por el afán de realinear a Venezuela con la política exterior de la superpotencia y, desde luego, recuperar el control sobre los recursos naturales de uno de los principales exportadores de petróleo del mundo.

El rechazo que la ofensiva antivenezolana de Obama ha recibido de los otros gobiernos de América Latina ha llevado a la Casa Blanca a buscar peones alternativos en contra de Maduro. Con este propósito logró alinear una veintena de cartuchos quemados de la política iberoamericana, como el español José María Aznar –quien en la década pasada unció a España a la incursión bélica de George W. Bush en contra de Irak–, los mexicanos Vicente Fox y Felipe Calderón –responsable y beneficiario del fraude electoral de 2006, respectivamente–, el colombiano Álvaro Uribe –señalado por dependencias del propio gobierno estadunidense por sus nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo–, los salvadoreños Alfredo Cristiani y Armando Calderón Sol –patrocinadores, en su momento, de escuadrones de la muerte– y algunos otros cuya indignación por una supuesta alteración democrática en Venezuela no go
za de mucha autoridad moral.

“La confesión permite aquilatar la frivolidad y la irresponsabilidad con que actuó el ocupante de la Casa Blanca al afirmar que el gobierno de Nicolás Maduro era una amenaza extraordinaria e inusual para Washington y exhibe que detrás de la campaña estadunidense contra la nación sudamericana no hay más que un designio injerencista y neocolonial”

En forma paralela a este agrupamiento de personajes de la derecha, Washington ha colocado en su tablero a individuos procedentes de otras corrientes, como el ex presidente del gobierno español Felipe González, quien, en un gesto inequívocamente mediático y publicitario, asumió la defensa de políticos opositores presos en Venezuela.

En suma, de no ser por el atribulado gobierno actual de España, el estadunidense se ha quedado sin aliados importantes en su campaña antivenezolana y, para colmo, se ha visto obligado a reconocer que ésta tampoco tiene un motivo legítimo.

Es importante insistir, por último, en que las sociedades latinoamericanas deben movilizarse para rechazar la ofensiva de Washington en contra de Venezuela, independientemente de la opinión que se tenga sobre el gobierno actual de ese país, porque la amenaza no va dirigida únicamente a la administración de Maduro, sino a algo mucho más trascendente e irrenunciable: la autodeterminación y la soberanía de las naciones del subcontinente.

 

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