Una devaluación anunciada

Argentina
Agustín Lewit

La eliminación de los controles sobre el mercado de divisas conlleva el riesgo del reendeudamiento externo sin estrategia productiva, así lo explica el economista Ricardo Aronskind. La desprotección completa a los productores, similar a la de mediados de los años 70 y 90, puede provocar un rápido proceso de mortandad empresaria y contracción salarial.

Agustín Lewit- Celag (Ecuador) 

El gobierno acaba de eliminar los controles sobre el mercado de divisas, lo cual produjo una devaluación de la moneda argentina. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con esa jugada?

En principio, los ganadores directos son los exportadores en general, los poseedores de dólares (60.000 millones sólo en cajas de seguridad) y los que han acopiado stock agrícolas sin exportarlos. También todos los sectores internos, muy fuertes en materia de creación de opinión pública, que deseaban sacar excedentes de la economía argentina hacia el exterior. Diría que la principal presión contra lo que la prensa denominó “cepo cambiario” –que dicho más correctamente era en la práctica una traba a la fuga masiva de capitales- fue precisamente de los sectores sociales acostumbrados a una práctica predatoria que se inició en 1977 con la reforma financiera de la dictadura. Esa reforma permitió la “libre movilidad de capitales”, lo que constituyó el cimiento institucional de la práctica económica de transformar los excedentes producidos en la economía local, y fugarlos hacia el exterior. Para poder concretar la fuga, la disponibilidad “libre” de divisas es fundamental, y eso es lo que se restauró en estos días.

Si el esquema sigue sólido, se beneficiarán también los importadores, ya que desaparecieron las restricciones cuantitativas en función de priorizar qué bienes se podían introducir en el territorio nacional con mayor facilidad.

Depende de la velocidad del traslado a precios, pero da la impresión que va a haber un impacto significativo –ya lo viene teniendo, por “expectativas”- en las remarcaciones, que continuarán sin prisa y sin pausa en las próximas semanas. Si esto ocurre, no cabe duda que el salario real tendrá una contracción en un porcentaje que tendrá que ver también con la capacidad de reclamo de los distintos segmentos de trabajadores.

A medida que tal caída se verifique, todos los sectores económicos vinculados al mercado interno –industriales, comerciantes, profesionales- sentirán la contracción del poder adquisitivo, y la caída de la actividad económica.

La deuda pública, en su parte en dólares, constituirá un peso mayor tanto para el estado central como para los estados provinciales, en el total del presupuesto.

¿Cuáles cree que serán los principales efectos de la eliminación de las retenciones agropecuarias, dispuesta recientemente por el gobierno de Mauricio Macri?

El efecto será una recomposición de la tasa de ganancia en el sector. Algunos voceros del mismo, sostienen que a partir de tales incentivos, la producción crecerá sustancialmente. No parece claro que tal crecimiento pueda ocurrir, más allá de incrementos marginales, porque en la práctica el sector nunca dejó de extender la producción, especialmente de su cultivo estrella, la soja, a la cual no se le han reducido drásticamente las retenciones. Por otra parte, había efectivamente cultivos regionales que, debido a la evolución del mercado internacional, estaban atravesando dificultades, y a los cuales la eliminación de retenciones los ayudará a mejorar la rentabilidad. La reapertura de ciertos mercados externos a las carnes argentinas podría combinarse con la eliminación de retenciones para generar un incentivo a esta producción.

Si estas medidas se acompañan con la libre disponibilidad de los productos, como en el caso del trigo, el resultado será un incremento proporcional en el precio interno. Para el trigo, las retenciones estaban en el 20%, lo que significará un salto en el valor local, que combinado con la devaluación nominal del 40% permiten predecir un muy fuerte incremente en un producto base de la canasta de consumo popular. En el caso del maíz, no sólo afectará en forma directa al precio del producto (la retención eliminada era del 23%), sino que impactará en otro productos alimenticios, como el mercado avícola, ya que el maíz es utilizado como insumo para la producción aviar.

Tal como lo admitió el propio gobierno, dicha medida supone la pérdida de importantes ingresos por parte del Estado. ¿De qué forma cree que subsanará esa caída de ingresos?

Creo que en lo fundamental, tendrán que reducir gastos, porque no habrá un incremento virtuoso del impuesto a las ganancias, como se sostiene con poca seriedad desde el gobierno. La eliminación de subsidios a la energía y el transporte serán parte de esa estrategia contractiva, junto con la reducción de personal estatal y de diversos programas sociales.

Según lo dio a conocer el propio gobierno, hay una fuerte estrategia en marcha para conseguir préstamos extranjeros. ¿Qué riesgos supone eso?

El riesgo es el de un reendeudamiento que no apoye una estrategia productiva y competitiva, sino un nuevo festival de consumo de bienes importados, como ya vivió la Argentina a mediados de los años 70, y durante toda la década del 90.  Los endeudamientos parasitarios, como los que impulsaron sectores internos asociados al capital financiero internacional son muy problemáticos, porque no sólo encadenan a la economía a costosísimas transferencias permanentes de recursos al exterior, sino que destruyen fuentes de producción y trabajo locales, generando cuadros sociales muy difíciles de revertir en poco tiempo.

La apertura a las importaciones es otra de las políticas que el nuevo Gobierno tiene en carpeta. ¿Cuenta la industria nacional con herramientas para afrontar esa medida?

La industria nacional tiene capacidades limitadas de competencia con el resto del mundo. Esto es así porque ni tiene un perfil basado en el uso de mano de obra ultra-barata, como Vietnam o Bangla Desh, ni en capacidades tecnológicas y eficiencia productiva al estilo Alemania o Japón. Entonces, la desprotección completa, el obligarla a competir contra todo tipo de perfiles productivos, en un mundo con bajo crecimiento y con stocks excedentes formidables, puede provocar un rápido proceso de mortandad empresaria.  Hay que agregar a esto el escaso apoyo financiero y tecnológico del entramado productivo nacional por parte de las finanzas privadas, y la previsible ausencia del Estado en cuanto a políticas pro-industriales.

En otros casos de apertura previos, parte de los empresarios se reconvi
rtieron en exportadores, pero los trabajadores fueron expulsados del mercado laboral, con muchos dificultades para una reinserción posterior. 

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