Vencer las estructuras clasistas

Uruguay

Ser mujer y ser afrodescendiente son dos factores que suman desigualdad. Y la situación empeora si esa persona practica alguna religión de origen africano.  Una militante de género y afrodescendiente habla de la censura irracional y el preconcepto con los que es observada. Denuncia ese clasisismo derivado de la trata esclavista y la cosificación de las personas africanas.

Urbano en la luna

Susana Andrade – Diario República (Uruguay)

El Decenio Internacional de los Afrodescendientes declarado por Naciones Unidas será del 2015 al 2024.

La Asamblea General estableció la celebración con el lema “Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo” ya que a pesar de los esfuerzos realizados, millones de personas siguen siendo víctimas del racismo, la discriminación, la xenofobia y la intolerancia.

La situación de desigualdad del género femenino sumada a ser afrodescendiente es cartón lleno. Ni que hablar si además somos practicantes de alguna religión de origen africano. El epíteto “La negra bruja o la bruja negra”, cuestiones que para mi criterio son cualidades, el lenguaje vulgar las trastoca en calificativos insultantes.

Cómo te ven los demás es o no es importante según cómo te pares.

Podrían herirte si en la conciencia social existe un prejuicio degradante contra lo que eres.

Muchas veces antes de vernos hermanos de humanidad, actúa la censura irracional, el preconcepto, aquel clasismo derivado de la trata esclavista y la cosificación de las personas africanas. Un horror esa verdad histórica que no tenemos derecho a ocultar ni a olvidar si queremos construir el futuro con valentía y fraterna honestidad.

Ojalá pudieran estar en mí unos minutos y observar las expresiones de gente que me ve por primera vez personalmente; y sé que respetan y aprecian nuestro trabajo social; debatiéndose entre quererme y tenerme miedo.

Esto mismo que me provoca risa y una especie de ternura hacia quienes así se comportan, a otros podría doler.

“Aunque sean difíciles de vencer estructuras clasistas y jerarquizadas, las administraciones progresistas han demostrado sensibilidad a los reclamos de la sociedad civil en estos sentidos y la propia colectividad negra del Uruguay va tomando poco a poco lugares de relevancia política”

Como cuando preguntan si nuestra religión hace daño…

¡A ningún credo se le cuestiona éticamente pues por definición buscamos el bien!

Eso también es discriminación.

Internacionalmente y a nivel local desde el 2005, se propicia la equidad con instrumentos legales e institucionales.

Las leyes no arreglan todo, sin embargo, son una herramienta poderosa de justicia social si hay voluntad política. Y ahora la hay.

Contamos con un marco legal e institucional que paso a paso va delineando una política pública, mostrando la puesta en valor de la población afrouruguaya que comienza a empoderarse de sus reivindicaciones, a recuperar autoestima y tradiciones y en definitiva, a sentirse igual en las oportunidades y derechos desde su identidad ancestral, aportando al ser colectivo multicultural.

La resolución de la ONU busca combatir los prejuicios y señala que la década de relevancia africana será tomando en cuenta que todos los seres humanos nacen libres, con igualdad de derechos y dignidad. Parece retórica pero hay que decirlo para que se afirme y se concrete en los hechos. El mundo está plagado de arbitrariedades y las generadas por la etnia o la línea de color, son tan antiguas como la existencia de los países que se hicieron a imagen y semejanza de las clases dominantes blanco-europeas, monárquicas, esclavistas y latifundistas.

Lamentablemente el racismo y la intolerancia son una herencia que alcanza a territorios y gentes diversas que padecimos la sangrienta colonización y sus consecuencias eternas de menoscabo de la identidad, desarraigo, falta de educación, pobreza, arrinconamiento y aculturación entre otras desventajas derivadas de genocidios y etnocidios.

Aunque sean difíciles de vencer estructuras clasistas y jerarquizadas, las administraciones progresistas han demostrado sensibilidad a los reclamos de la sociedad civil en estos sentidos y la propia colectividad negra del Uruguay va tomando poco a poco lugares de relevancia política desde donde organizar los cambios necesarios que brinden garantías de democracia plena a las personas, sin importar su color de piel o raíz étnica. Solidaridad, integración, respeto, felicidad. ¡Qué sean verdad!

 

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