A un año de la tragedia minera de Brumadinho: convivir con los escomboros, los desaparecidos y la contaminación

El lodo del dique minero que arrasó con todo a su paso en el sudeste de Brasil sigue causando secuelas. A un año de la enorme avalancha de residuos que se desprendió del dique de la compañía minera Vale, causando 259 muertes, un equipo de más de cincuenta bomberos continúa buscando a las 11 personas desaparecidas en la tragedia. La contaminación expulsó a miles de sus hogares, modificó las características del suelo y afectó directamente las actividades de la población.

“Vale asesinos”, dice el cartel que permanece en la entrada de Brumadinho. La Fiscalía brasileño acusó este martes de homicidio voluntario a los 16 funcionarios y exfuncionarios del grupo minero Vale y de la firma alemana TÜV SÜD por ocultar los riesgos del dique. También, pidió penas bajo la carátula de “crimen ambiental”.

“Brumadinho es pequeño y la mayoría de la gente se conoce. Tenemos a nuestros amigos de infancia. Yo he ido a unos 30 o 40 entierros”, cuenta Natalia de Oliveira, que perdió a una hermana y a muchos amigos. “Cuando nos encontramos en la calle o en el supermercado, nos decimos: ‘¡Cuánta gente murió aquí!’ Alguien que perdió a su padre, a su madre, que habían ido a trabajar“, agregó.

(DOUGLAS MAGNO / AFP)

Al duelo se suman la devastación y el impacto ecológico de los 12 millones de metros cúbicos de lodo cargado con residuos mineros que se desprendieron del dique aquel 25 de enero. El siniestro es particularmente visible en los suburbios rurales de Brumadinho: viviendas abandonadas, poblaciones desplazadas, pescadores y agricultores a quienes se prohibió ejercer su oficio.

En Parque da Cachoeira, un barrio bucólico en el valle, solo se ven casas vacías sobre un paisaje arrasado. Pedro Rocha, un agente de seguridad, de 54 años, visita los restos de su casa. En las semanas siguientes a la tragedia, al menos 20 cadáveres fueron extraídos del fondo de lo que era su jardín.

“Gracias a Dios, no hemos perdido a nadie de la familia, pero hemos perdido todo el resto”, lamenta el hombre, que encontró alojamiento con su familia en el centro de Brumadinho.

La contaminación del río Paraopeba paralizó las actividades de la zona y dejó sin sustento a pescadores y agricultores.

Adelson Silva de Oliveira aplasta con su tractor las malezas de dos metros de altura que invadieron su campo junto al río. Desde hace un año, no ha plantado nada. “Plantábamos lechuga, coles, maíz. Pero paramos todo. ¿Quién quiere comprar productos de aquí. ¡Nadie!”, afirma.

Los 106.000 habitantes que viven a menos de un kilómetro del río reciben una “ayuda de emergencia” de 1.000 reales por mes (240 dólares), equivalente a un salario mínimo. Esa suma se reducirá a la mitad a partir de febrero.

Ya no se puede pescar

El desastre tuvo además un fuerte impacto social, al privar a muchos pescadores de su actividad. Las embarcaciones permanecen ancladas la mayor parte del tiempo. “Pescábamos todos los días, eso nos daba de comer. Sigue habiendo muchos peces, pero nos piden que no pesquemos y que no comamos los peces de la región”, dice Wenis Alves Rodrigues, de 29 años.

El suelo de la región se volvió negruzco, otro rastro de la contaminación provocada por la rotura del dique.

( Douglas Magno / AFP)

Vale, por su lado, que había perdido un cuarto de su valorización de mercado, recuperó la semana pasada en la Bolsa de Sao Paulo su nivel de antes de la catástrofe.

Y se mantuvo por encima de esa marca incluso tras perder 2,32% el martes, después de que la fiscalía de Minas Gerais acusase a su expresidente y otros ejecutivos de ese época de homicidio intencional y a la firma de crimen ambiental.