Los niños son llevados por coyotes

Centroamérica 

Estados Unidos calcula que este año 60 mil niños habrán llegado a su territorio desde los países centroamericanos. Barack Obama habla de una crisis de la que se han sacado muchas conclusiones erróneas. Las leyes no han cambiado, la violencia no es peor que hace unos años en los países de origen y los menores de edad no se van solos, los llevan. 

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Óscar Martínez* – El Faro (El Salvador)

—A mí me da risa cuando los medios dicen niños solos. Si ninguno va solo, a todos los llevan los polleros, todos han sido llevados. Si yo estuviera en Estados Unidos de indocumentado, ¿cómo le voy a decir a mi hijo: venite? Nooo, así no es. Eso sí, uno va a querer tener a sus hijos a la par. ¿Entonces? —dice el Señor Coyote desde su casa en el departamento norteño de Chalatenango, en El Salvador.

El Señor Coyote es coyote desde 1979. Se jacta de ser uno de los primeros coyotes de El Salvador. De hecho, cuando empezó a coyotear no era ilegal hacerlo. Él incluso llegó a publicar anuncios de “viaje seguro a Estados Unidos” en las páginas de los periódicos, y ahí dejaba el número de su oficina en el municipio de Cuscatancingo. Es un coyote, un pollero, que ha visto los diferentes tiempos de la migración, desde el éxodo de los migrantes que huían de la guerra y que pasaban por Tijuana hacia Los Ángeles en unas pocas horas; hasta la década de los 90, cuando empezó la construcción del muro; o los últimos 14 años, en que Los Zetas entraron al negocio y la Patrulla Fronteriza estadounidense sobrepasó los 18,000 agentes. Ha visto a miles de salvadoreños irse a la brava, sin papeles, y los sigue viendo irse. Ahora, más que todo a niños.

Es la quinta vez que converso con él, y su único requisito es que no mencione su nombre. Hace un par de días le dije por teléfono que no entendía el fenómeno que ocupa titulares en periódicos y noticiarios de radio y televisión, el de la ola de niños migrantes de Honduras, Guatemala y El Salvador. Cerca de 52,000 centroamericanos menores de 18 años entraron a Estados Unidos sin permiso y sin compañía de adultos en 2014 hasta junio. Un promedio de 300 cada día.

El Señor Coyote, campechano como es, se tiró una risotada por el teléfono y contestó: “Véngase para aquí y en un ratito se lo explico”.

—¿Pero qué ha pasado en los últimos meses? Las leyes no han cambiado ¿Por qué ahora? —le pregunto en su casa.

—Eso es fácil, en cualquier ciudad llega un niño y empiezan a contar: fulano llegó así y asá y sin fianza. Se riega esa bola, eso lo aprovecharon muchos polleros que seguían cobrando 7,000 dólares. Es un gran negocio, porque para subirlos a la frontera de México con Estados Unidos, a Reynosa, por ejemplo, están gastando, con todo y la cuota de Los Zetas, porque Los Zetas cobran su cuota sea chiquita o grande la persona, unos 2,000 dólares. Imagine que allá en la frontera pagan unos 500 dólares a quien se los cruce. Van 2,500 dólares. Pasan al niño al otro lado, no lo tiran a caminar, en lo urbano, en la ciudad, y lo preparan bien, que diga que iba solo, que anda buscando a su mamá, a su papá. Ellos se tienen que olvidar de que iban con coyote, andan la dirección. Siempre hay alguien viendo que el niño hable con un policía, ni ahí está solo, siempre hay alguien viendo que lo agarren. Ahí está ya en manos seguras. Inmediatamente el policía lo agarra, el coyote informa a su familia: “Ya está en manos de la ley, dele tiempo”. Inmediatamente las autoridades se comunican con la madre, el niño lleva nombres y teléfonos.

—¿O sea que no han bajado el precio?

—Sí, hay gente que les está cobrando menos, porque ahora que ya se generalizó, la familia ya sabe que es más fácil, la gente ya no paga los 7,000 dólares. Entiendo que algunos andan cobrando 4,000 o 5,000 dólares. México ya lo tienen y ganado; y, una vez en Estados Unidos, agarrando las autoridades a los niños, ya estuvo.Tengo algunos amigos que lo que dicen es que los menores de edad son plata segura. Y así es. La mejor bendición es que los detenga un policía de cualquier rama.

—¿Los coyotes andan ofreciendo el servicio o la gente es la que sigue buscándolos?

—Los dos factores. Los coyotes sacan provecho. Y allá, si alguien ve a los hijos de la vecina y pregunta: ¿cómo le hiciste? Así y asá. La otra lleva a sus hijos. Antes había fianzas, de 4,000, 5,000 dólares. Quitar la fianza ha sido la gran cosa. Es como que un día dijeran: vamos a dejar libre un día la frontera: olvídese… je, je. Quizá a pie se va la gente.

El coyotaje es un negocio inmortal en gran medida porque se lucra de una necesidad humana demoledora: la necesidad de los padres de estar con sus hijos.

* * *

Se han escrito cientos de titulares sobre los miles de niños que se han largado de sus países en estos meses. “La violencia y las maras detonan el éxodo masivo de menores a EEUU”, tituló el 7 de julio el periódico español El País. Un titular que, con sus matices, escribieron decenas de medios. Algunos fueron más allá, como la cadena Fox News, que el pasado viernes 11 de julio aseguró que la Mara Salvatrucha está aprovechando esta migración masiva de niños para infiltrar miembros en Estados Unidos y reclutar niños en algunos centros de detención de la Patrulla Fronteriza.

¿Qué ha cambiado para que en los últimos meses decenas de miles de niños de Centroamérica huyan de la violencia? ¿Qué giro ha motivado a que incluso los niños mareros incluyan en sus planes de expansión aprovechar esta coyuntura? La respuesta es muy parecida a nada. No ha pasado nada nuevo, o al menos no está a la vista. Lo que ha pasado, según el Señor Coyote, y también según Rubén Zamora, hasta hace unas semanas embajador de El Salvador en Estados Unidos, es que muchas cosas no han cambiado, se han mantenido igual.

Algunas publicaciones han especulado sobre “nuevas leyes” que permiten a los niños quedar libres. Otros incluso han llegado a decir la mentira de que ahora las leyes permiten que los niños que entren a Estados Unidos indocumentados recibirán documentos para quedarse legalmente solo por ser menores de 18 años. Eso, todo eso, es mentira.

La legislación es la misma. Hay una ley que obliga al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos —al que pertenece la Patrulla Fronteriza— a entregar a cualquier niño indocumentado al Departamento de Salud en menos de 72 horas. La ley es conocida por sus siglas TVPRA y, en español, sería la Ley de Reautorización de Protección de las Víctimas de Tráfico de Personas. Un menor que haya llegado hasta Estados Unidos solo o con coyote es, según la ley, una probable víctima de tráfico de personas y por tanto debe ir ante un juez para que este decida si otorgarle asilo o deportarlo. La primera vez que ve a un juez, un adulto decide si quiere deportación voluntaria o ir a una segunda audiencia ante el juez para solicitar asilo —algo que se otorga en poquísimos casos—. Un niño centroamericano indocumentado que haya entrado con coyote o solo, debe ir a esa segunda audiencia, porque automáticamente se le considera posible candidato a asilo —aunque, al igual que a los adultos, poquísimas veces se le dará—. A diferencia de un adulto, un niño no puede mantenerse días o semanas en los cuartos de la Patrulla Fronteriza llamados “refrigeradoras” por su color y temperatura, sino que tiene que ir a albergues especiales del Departamento de Salud. A diferencia de un adulto, un niño no puede permanecer en esos albergues durante semanas o meses hasta que el juez lo llame a la segunda audiencia, donde se dictará sentencia. Un adulto normalmente pasa ese tiempo de espera en un centro de detenció
n para migrantes. Un niño, si tiene a uno de sus padres en Estados Unidos, es entregado a sus padres —sean indocumentados o no—, el Departamento de Salud no pregunta por estatus migratorio para entregar al niño, solo comprueba que sean sus padres. Incluso es común que entreguen niños a sus tíos o hermanos mayores de edad. La ley que ordena todo esto para un niño no es nueva, existe desde 2008, y fue creada bajo la administración de George W. Bush, no bajo la del actual presidente Barack Obama, que es el que enfrenta la llamada “crisis de los niños”.

Entonces, si no hay leyes nuevas que alienten a los niños, quizá es porque El Salvador, Honduras y Guatemala se han vuelto países violentos en estos últimos años. Este último es un argumento falso. Somos países violentos desde hace años, y somos países muy violentos desde 2008, cuando se creó aquella ley. De hecho, si por ejemplo los niños de El Salvador se fueran solo por la violencia, en 2009 se habrían ido miles y miles.

«Si los padres no tienen una opción real de llevar a sus hijos de una forma legal; si los padres no ven en Honduras, Guatemala o El Salvador que la violencia dé señales de reducir significativamente; si muchos de esos padres ya no lavan platos, sino que han montado con años de esfuerzo su propio negocio, ¿entonces? Entonces, si ni Estados Unidos ni Guatemala ni El Salvador ni Honduras les dan una opción, un coyote se las dará»

En 2008, el año de la creación de la ley estadounidense, en el país fueron asesinados 51.7 habitantes por cada 100,000; en 2009 la cifra se disparó: 70.9 de cada 100,000 salvadoreños. La cifra rondó los 65 en los siguientes dos años y descendió a 41.2 en 2012 y a 39.6 en 2013, en parte gracias a la tregua del gobierno con las pandillas. A excepción de 2012 y 2013, El Salvador, incluyendo este 2014, siempre ha visto morir a más de ocho personas cada día. Honduras fue nombrado el año pasado por Naciones Unidas como el país más violento del mundo y Guatemala ocupó el quinto lugar, un peldaño abajo de El Salvador. Y no solo eso, otra variable que se mantiene estable es la de las edades para morir. Según el Instituto de Medicina Legal de El Salvador, entre 2010 y este año, la peor edad para ser salvadoreño si se pretende no ser asesinado ha sido entre los 15 y los 24 años. La peor edad incluye algunos años de la considerada formalmente como minoridad.

Aquí somos violentos desde hace mucho más que seis meses. Aquí somos violentos desde mucho tiempo antes que cuando 52,000 niños se largaron.

Varios de esos 52,000 niños seguramente se largaron porque una pandilla intentaba reclutarlos o matarlos. Sin embargo, esos niños ya se iban antes. Se iban en 2004. Se iban en 2006. Yo viajé con uno de ellos, un guatemalteco, en 2008. Yo viajé en México con dos de ellos, dos salvadoreños, en 2009. Los que tenían condena de muerte se han ido desde siempre. Más de 1,000 niños salvadoreños han sido detenidos cada año por la Patrulla Fronteriza estadounidense desde 2009. Más de 3,000 en 2012. Casi 6,000 en 2013. Más de 11,000 en lo que va de 2014. Y puede que ahora, con esta ola, se estén yendo más niños que creen que serán asesinados. Con todo y todo, los datos nos dicen que es una ilusión optimista creer que la niñez centroamericana vive amenazada desde hace cuatro meses. Vive amenazada y es asesinada desde hace años.

El argumento de los detractores más radicales, los que creen que es mentira eso de que en en el norte de Centroamérica asesinan niños pequeños, es absurdo. Bastaría con que abran un periódico salvadoreño con cierta frecuencia para que de repente se encuentren noticias tan recientes como la de este domingo 13 de julio: un niño de 11 años fue raptado el pasado viernes 11 cuando salía de clases de cuarto grado en el Centro Escolar Felipe Soto, de Santa Cruz Michapa, departamento de Cuscatlán. Lo raptaron y, dos días después, la Policía encontró su cadáver desmembrado y enterrado en un sector conocido como El Arenal. Esos mismos políticos escépticos podrían haber abierto un períodico del día anterior, del 12 de este mismo mes, y hubieran encontrado la noticia de que dos muchachitos, de 15 y 16 años, fueron degollados y abandonados en un predio baldío de Tonacatepeque, San Salvador, la noche anterior. La niñez de esta parte de Centroamérica vive amenazada y es asesinada desde hace años.

Sin embargo, en los últimos seis meses se han ido más de los que normalmente se iban. Para intentar llegar a una explicación, vale la pena escuchar al funcionario que ha tenido que lidiar más de cerca con este problema.

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Rubén Zamora fue el embajador salvadoreño en Estados Unidos desde mediados de la pasada administración de Mauricio Funes. El nuevo gobierno le pidió que se encargue de la representación ante Naciones Unidas. Sin embargo, su sustituto, Francisco Altschul, aún no recibe las credenciales de embajador, por lo que Zamora continúa lidiando con la crisis en la que Obama se declaró hace unas semanas.

En una frase, Zamora termina con las expectativas del que busca una explicación definitiva para la partida de estos miles de niños en tan poco tiempo: “No hay una explicación fáctica única”.

 Aunque él tiene su propia explicación:

—La comunidad salvadoreña en Estados Unidos ha ido creciendo económicamente. De estar en un cuartito viviendo por tandas, ahora algunos pueden pagar 1,000 dólares y alquilar una casa de dos cuartos en las afueras de una ciudad. La madre empieza entonces a poder llamar a su hijo. Ahora más gente puede pagar el viaje para traerlos. Y claro que las maras y la situación de violencia en la región apresuran el proceso. La situación económica de algunos, mezclada con el miedo de que sus hijas ya tienen 14 años y puede ser violadas por las pandillas o reclutadas, hace que las traigan. No ven oportunidad de llevarlos legalmente a Estados Unidos y ven que la situación de seguridad en el país es complicada para sus hijos o para regresar a El Salvador. ¿Qué opción te queda?

«La migración es compleja. Las familias buscan reunificarse y la violencia apura la reunificación»

Tanto el ex embajador como el Señor Coyote terminaron con una pregunta sus frases. “Uno va a querer tener a sus hijos a la par. ¿Entonces?”, preguntó el Señor Coyote. Si los padres no tienen una opción real de llevar a sus hijos de una forma legal; si los padres no ven en Honduras, Guatemala o El Salvador que la violencia dé señales de reducir significativamente; si muchos de esos padres ya no lavan platos, sino que han montado con años de esfuerzo su propio negocio, ¿entonces? Entonces, si ni Estados Unidos ni Guatemala ni El Salvador ni Honduras les dan una opción, un coyote se las dará. Y, como dijo el Señor Coyote, los padres siempre van a querer tener al lado a sus hijos. Es una de las pocas generalizaciones que se acerca a una realidad absoluta.

Los niños migrantes centroamericanos, al menos la mayoría de esos 52,000 niños migrantes que han llegado este año a Estados Unidos, no decidieron un día tomar una mochila y largarse. Al menos no lo decidieron solos. La foto que ha dado la vuelta al mundo de Alejandro, un niño hondureño de ocho años que está frente a un patrullero de la frontera en Texas, al otro lado del río Bravo, es una imagen poderosa para el que busca explicaciones absolutas y sencillas. La migración es compleja. Las familias buscan reunificarse y la violencia apura la reunificación. Los titulares que acusan a las pandillas o a la violencia, los textos que hablan de niños solitos que un día, solitos, a sus ocho años decidieron irse a Estados Unidos solitos porque sus padres malvados nunca mandaron llevarlos, no tienen en cuenta que Centroamérica ofrece desde hace muchos años condiciones para que un niño deba largarse de aquí y, sobre todo, no tienen en cuenta que los padres siempre querrán estar con sus hijos y que e
n cuanto puedan se los llevarán. Y que para eso necesitan un coyote.

*Con reportes de Jimmy Alvarado.

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