A 10 años del terremoto que devastó Chile: reconstrucción y nostalgia por vivir lejos del mar

A diez años del feroz terremoto de 8,8 de magnitud que azotó el centro y el sur de Chile, el país completó la reconstrucción de las localidades devastadas y consolidó buena parte de la ingeniería antisísmica. Sin embargo, muchos de los pobladores de las zonas costeras arrasadas por el tsunami intentan todavía adaptarse a vivir lejos de mar. Aquel sismo, el segundo más fuerte en la historia del país andino, destruyó 220.000 viviendas, 3.700 escuelas, 17 hospitales y 1.550 km de rutas.

“Estamos seguros; bonita es la casa, pero echamos de menos nuestra caleta”, cuenta Luisa Araya, como muestra de lo difícil que se le hace la reconstrucción, que implica intentar proteger la vida de las personas en uno de los países más sísmicos del mundo y restaurar el tejido social que también quebró el terremoto.

“Extraño el ruido de mar…la gente”, agrega Luisa, en el living de la casa que comparte con su esposo y su padre, con la emoción a flor de piel poco antes del décimo aniversario de esta tragedia que se cobró la vida de 525 personas, casi un centenar por el tsunami que siguió al terremoto, el segundo más fuerte en la historia del país, cuyo epicentro se registró cerca de Caleta Tumbes, en la región del Biobío, a unos 500 km al sur de Santiago. 

Como Luisa, otras 200 familias -en su mayoría de pescadores- fueron reubicadas en esta villa, bautizada como “Las Caletas”, con casas sólidas, una plaza de juegos y una sede vecinal, pero que ellos creen que los alejó “demasiado” del mar, al que ahora acceden caminando unos 10 minutos por un empinado camino.

A orillas del mar, se decidió reconstruir una veintena de restaurantes -principal sustento económico de esta caleta- y unas pocas casas “antitsunamis”, construidas sobre pilotes para que el agua transite sin dañar la estructura.

“El chileno es medio porfiado; nos arraigamos en las raíces de los viejos y ahí nos quedamos”, dice Juan Pedro Díaz, un pescador que decidió quedarse frente al mar, en una vivienda “antitsunamis”.

A su lado, Jesús Bravo, levantó un restaurante al que bautizó “8,8” -como la magnitud del terremoto- pero por temor alejó su casa de allí: “Como esté construida a la orilla de la playa, si hay un tsunami se lo lleva todo”, dice.

Ejemplo de reconstrucción

La localidad de Dichato, a unos 30 km de Concepción, fue arrasada por el mar. Pero 10 años después de la tragedia, el pueblo es considerado un símbolo de reconstrucción exitosa.

El borde costero fue reconstruido y se incluyeron obras de mitigación. Se implementaron vías de evacuación y casi 3.000 habitantes fueron reubicados en dos tipos de vivienda por el riesgo de inundación. Al igual que en Tumbes, se levantaron casas y edificios “antitsunamis”.

“Así como Dichato fue un ícono de la devastación, somos un ícono de la reconstrucción”, celebra María Angélica Torres, dirigente social que logró reconstruir 100 viviendas y que hoy es dueña de un restaurante en la costanera que da trabajo a 21 personas.

“Dichato tiene un 100% de reconstrucción”, dice Iván Carter, director de planificación y diseño urbano de la Universidad de Biobío, para quien la asociación con las comunidades locales fue clave en el éxito del proyecto.

Laboratorio sísmico

Diez años después, Chile logró también consolidar su ingeniería antisísmica, con estrictas normas de construcción y el desarrollo de mecanismos de disipación y amortiguación sísmica que exporta a varios países.

“La normativa sísmica chilena es muy exigente, lo que permitió que en el terremoto de 2010, no colapsara un número importante de viviendas sino que resistieran”, afirma el ministro de Vivienda y Urbanismo, Cristián Monckeberg.

Bajo esos fundamentos fue levantado en Santiago el edificio más alto de América Latina: la Gran Torre Santiago, parte del complejo Costanera Center, que con 300 metros de altura es uno de los principales símbolos de la capital chilena.