Fujimorismo, nunca más

Perú
Especial

A cinco días de las elecciones presidenciales, Perú recuerda aquel 5 de abril en el que la institucionalidad del país cambió para siempre. El autogolpe de Alberto Fujimori configuró el deterioro actual de la sociedad por vía de la corrupción y la violencia. Las movilizaciones contra la candidatura de su hija, Keiko, la política clientelar y el significado del antifujimorismo. 

Lucía Dammert- Cooperativa (Chile)

24 años han pasado desde que Alberto Fujimori decidió la disolución del Congreso, la intervención del Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales y el Ministerio Público.

Cinco días faltan para las elecciones presidenciales donde su hija Keiko, ex primera dama, se postula y podría ser la ganadora de la primera vuelta con el apoyo de un tercio de los votantes. Ambos momentos están íntimamente ligados y marcan el proceso político, la calidad de la democracia y los desafíos que enfrenta el Perú. Porque un pueblo sin memoria no puede escribir un futuro mejor.

Alberto Fujimori es muchas veces recordado por políticas económicas estabilizadoras y por terminar con la presencia de Sendero Luminoso pero hay otro lado que debe ser enfatizado.

La utilización de los servicios de inteligencia para hacer política, los abusos de derechos humanos, las esterilizaciones forzadas, la creación de escuadrones de la muerte, la corrupción galopante, el clientelismo como forma de hacer política, la compra de la línea editorial de los medios de comunicación, la destrucción de los partidos políticos, la jibarización del Congreso y la Justicia, la construcción de la agenda pública mediante sicosociales, son solo algunos elementos de lo que también vino después del 5 de Abril.

El gobierno de “Emergencia y Reconstrucción Nacional” instaló a Vladimiro Montesinos, hoy preso, como el ejecutor de una red mafiosa que controló el Estado en su totalidad y que penetró las raíces más profundas del  sistema político y empresarial vía la extorsión, la corrupción, la amenaza y la violencia.

Para más detalle están los llamados “vladivideos”, donde se ven a políticos y empresarios, nacionales y extranjeros, recibiendo miles de billetes a cambio de favores. Fujimori, que en el año 2000 renunció por fax y reconoció su ciudadanía japonesa, hoy purga condena de 25 años por delitos de lesa humanidad y corrupción.

” El proceso electoral peruano es hoy una incógnita. El debate no ha estado centrado en propuestas sino en denuncias. Gane quien gane la elección presidencial se enfrentará a un Congreso dividido y fragmentado, a un país decepcionado de sus gobernantes y poco tolerante con los políticos. Con una institucionalidad debilitada “

Keiko Fujimori ha intentado desvincularse políticamente y separar su propuesta del legado de su padre. Ha afirmado que el indulto no está en su agenda. Se ha desligado discursivamente de muchos de los casos de violación de derechos humanos y corrupción cometidos por su padre, sus amigos y colaboradores. Se ha preparado intensamente por años para ser candidata presidencial porque sabe que los males que se instalaron en la política peruana el 5 de Abril de 1992 aún se mantienen.

Por eso propone que como antes se acabó con el terrorismo, ahora ella acabará con la delincuencia, en una demostración de poca seriedad en la definición de un problema que aqueja a la mayoría de los peruanos. El populismo en su máxima expresión. Nadie conoce sus redes de financiamiento, pero su jefe de campaña, Joaquín Ramírez, está siendo investigado por lavado de activos y uno de sus principales asesores acaba de aparecer en la lista de peruanos de los Panama Reports.

Y como en el gobierno de su padre, el clientelismo es pan de cada día. Tanto así, que el Jurado Nacional de Elecciones en una decisión controversial decidió  mantenerla  y retirar a su candidato a vicepresidente por otorgar regalos en actividades proselitistas.

El proceso electoral peruano es hoy una incógnita. El debate no ha estado centrado en propuestas sino en denuncias. Gane quien gane la elección presidencial se enfrentará a un Congreso dividido y fragmentado, a un país decepcionado de sus gobernantes y poco tolerante con los políticos. Con una institucionalidad debilitada y un Estado con poca capacidad para cambiar su propia precariedad.

Mucho de lo anterior es consecuencia  del camino que tomó el país a partir del 5 de Abril de 1992. Aquel momento y los principales problemas del Perú actual, están ligados por una línea clara, por el deterioro y la precariedad de la institucionalidad, del Estado, de la  política y de la propia sociedad. Pero también por la necesidad de avanzar por un rumbo diferente.

Claudia Cisneros- La República (Perú)

De Alberto a Keiko: El fujimorismo sigue pudriendo al país. Del pasado fujimorista y cómplice de Keiko hay pruebas: los estudios pagados con plata de los peruanos, su complicidad silente cuando su padre mandó torturar a su madre, su ocupación del cargo de primera dama de su madre cuando esta fue defenestrada por su padre, su silencio cómplice de las denuncias del robo de sus tíos (hasta hoy prófugos), su participación en la inconstitucional re-reelección de su padre, su defensa pública a Vladimiro Montesinos y más. Hasta allí, la mochila histórica de Keiko.

Pero desde hace un par de elecciones Keiko viene haciéndose de mochila propia, como líder del partido que lleva el apellido de su padre. No tiene oficio conocido, es mantenida por su partido, no ha construido nada relevante para los peruanos ni ha hecho algún aporte en bien del país. La única vez que tuvo que trabajar como congresista tuvo la desfachatez de faltar 500 días y cobrar igual. Esa forma de hacer política que representa el fujimorismo, donde las rifas truchas, los cocteles bamba, la sacada de vuelta a la ley bajo el auspicio del fallo actual del JNE (http://goo.gl/PpTrvJ), esa forma antipolítica, digo, nos produce arcadas nacionales.

Cuando un peruano dice ser antifujimorista, dice algo más que estar en contra de un partido o de las personas que lo conforman, lo justifican y lo promueven, pese a toda la carga delincuencial que los constituye. Cuando un peruano o peruana se dice antifujimorista, está diciendo que no transa, que le repele, que denuncia el robo, el delito disfrazado de partido político. Que se asquea con una forma de hacer política que ellos representan y que implica usar conexiones, redes de poder, de clientelismo o llano chantaje, para lograr privilegios particulares o partidarios sin el menor aprecio por la gente común, por las bases invisibles pero concretas que sustentan un país: sus instituciones, la calidad de la democracia que se sustenta a su vez en la calidad de esas instituciones, y la calidad de las personas en las que esas instituciones se sustentan para sustentar a su vez todo el aparato legal, cívico y político que son el soporte de una democracia y un país.

” Cuando una peruana o peruano se dice antifujimorista, está haciendo una declaración de amor a la patria, de entrega desinteresada, de preocupación auténtica por su destino. Un peruano o peruana antifujimorista es un ciudadano o ciudadana informado e informada. Cuyo horizonte de sentido no ha sido colonizado por las mentiras “

Cuando una peruana o peruano se dice antifujimorista, está haciendo una declaración de amor a la patria, de entrega desinteresada, de preocupación auténtica por su destino. Un peruano o peruana antifujimorista es un ciudadano o ciudadana informado e informada. Cuyo horizonte de sentido no ha sido colonizado por las mentiras y los relatos fabricados del fujimorismo.

Un peruano y peruana antifujimorista es un ciudadano libre, con c
onciencia crítica, con información verdadera, con una energía patriótica que lo mueve a desplazarse, a decir lo que otros callan, a recordar lo que los otros esconden, a sacrificar ser blanco de insultos de infamias de guerras inmundas porque hay algo mucho más grande que los partidos, que los políticos, que el PBI, que los modelos económicos, que los mezquinos intereses de los angurrientos, corruptos y falaces. Y es el Perú. Ser antifujimorista por eso es ser patriota. Es defender con todas las cuerdas vocales, con todas las fibras corporales, con toda la ilusión a la que tenemos derecho, a nuestra patria, su futuro, su presente.

Por eso, frente a la prepotencia del fujimorismo que comienza a meter miedo con la marcha nacional del 5 de abril, frente a las insinuaciones de que será violenta o declaraciones de que somos terrucos y violentistas les contestamos en las calles, de manera pacífica como han sido las dos marchas anteriores. 

Frente a las habituales amenazas fujimoristas les recordamos que fueron ellos quienes infiltraron y violentaron la gesta democrática de los 4 Suyos en el 2000, les recordamos que fueron sus gentes las que incendiaron el Banco de la Nación con los vigilantes dentro (https://goo.gl/nDRKrk), tratando de que nuestra marcha pareciera violentista. Frente al mismo modus operandi del fujimorismo de ayer, de Alberto, como el de hoy, de Keiko, nosotros decimos: no nos callarán, no nos detendrán, no nos amedrentarán. 

Estamos atentos, estaremos vigilantes a sus filtraciones, somos legión, somos peruanos y no nos quedaremos de brazos cruzados. Nosotros no solo recordamos bien la historia, también la hacemos (https://goo.gl/2UycKG). Por eso nos vemos el 5 de abril en la Plaza San Martín, 5 pm. 

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