La sangre derramada del 30-S

Ecuador

La intentona golpista contra Rafael Correa del 30 de septiembre de 2010 marcó un antes y un después en el país y en la región. De los hechos ocurridos se desprenden lecciones visibles para los desestabilizadores, para el Gobierno y el movimiento PAIS, para los ciudadanos de a pie, y por cierto, para el resto de los gobiernos progresistas de América Latina.

Foto: Archivo

Jaime Galarza Zavala- El Telégrafo (Ecuador) 

Está fresca aún la sangre derramada el 30 de septiembre de 2010 por acción de los golpistas que intentaron derrocar al presidente Rafael Correa, y que condujeron la situación al borde del magnicidio. Hasta el momento hay 179 sentenciados por la justicia, aunque sin duda falta por descubrirse el rostro de los autores intelectuales que, dentro y fuera del país, atizaron el fuego de la conspiración que estalló ese día. De los hechos ocurridos se desprenden varias lecciones, que suponemos han sido o deben estar en proceso de análisis por unos y por otros: por los golpistas, por el Gobierno y el movimiento PAIS, por los simples ciudadanos de a pie, y por cierto, por los demás gobiernos progresistas y revolucionarios de América Latina.

En lo que corresponde a los golpistas, sin duda habrán llegado a la fácil conclusión de que no hay que cantar victoria antes de hora, que deben ajustar mejor las cargas mediáticas y políticas, así como proceder con mayor celeridad en el momento preciso, soltando los tiros que haya que soltar sin pérdida de tiempo. Habrán aprendido que los golpes de Estado no se dan: se organizan.

Para el Gobierno, una primera y grave lección es la de que no puede confiar en una inteligencia que no es inteligente o que está infiltrada y comprometida justamente con la oposición, con los que buscan frenar todo proceso de cambios, pues responden a los intereses imperiales (por ejemplo Chevron, Oxy, CIA, Comando Sur, etc.) y a los apetitos oligárquicos de restauración conservadora y neoliberal. Pues entonces resultó inconcebible que nadie supiera nada en las altas esferas respecto de lo que se venía cocinando, cuando la famosa reunión de Miami, una semana antes del intento golpista, los anuncios se dieron en voz alta por conspiradores como Roberto Isaías, el informador de la CIA, mayor Mario Pazmiño; Lucio Gutiérrez  y otros tantos.

” De los hechos ocurridos se desprenden varias lecciones, que suponemos han sido o deben estar en proceso de análisis por unos y por otros: por los golpistas, por el Gobierno y el movimiento PAIS, por los simples ciudadanos de a pie, y por cierto, por los demás gobiernos progresistas y revolucionarios de América Latina “

Para Alianza PAIS las lecciones resultan múltiples. La primera de todas es que -al menos a ese momento- la falta de una verdadera organización le impedía movilizar grandes masas en el territorio nacional, mientras la muchedumbre que llenó en Quito las calles aledañas a los hechos la constituyeron, en su mayoría, simpatizantes del presidente Correa, hombres y mujeres movidos por la indignación de ver la audacia y brutalidad de los golpistas, que ponían en peligro la vida del líder y un proceso revolucionario que la gente busca y quiere angustiadamente. Otra lección al respecto es que la frondosa burocracia instalada por PAIS en todos los escalones administrativos a lo largo y ancho de la nación, en el momento preciso no cuenta para frenar las arremetidas golpistas.

La formación académica y tecnocrática de los funcionarios, por alta y respetable que sea, tiene que combinarse con  la militancia diaria en medio de la masa, en la ciudad y el campo, si se aspira a conseguir credibilidad, influencia y liderazgo. Para los medios públicos y los comunicadores sociales adheridos a los postulados de la Revolución Ciudadana, el reto que se desprende del 30-S resulta múltiple: allí figura la necesidad de concebir la información como una tarea diaria de desenmascaramiento incisivo de los enemigos del proceso, de los intereses contrarios, del papel del imperio y sus devotos, dejando a un lado la réplica de la farándula, los culebrones y las películas de ‘acción’ que enferman y desmoralizan a la ciudadanía, con notable influencia en los medios juveniles.

En lo que corresponde a las naciones latinoamericanas donde se operan procesos revolucionarios y progresistas, la lección más importante estriba en el reconocimiento de que existe una internacional golpista, manejada y aceitada desde Estados Unidos, que unifica y financia una política de desestabilización de todos los gobiernos que buscan un camino de independencia y soberanía. Para comprobarlo está la conjura internacional contra el gobierno de la Revolución Bolivariana en Venezuela, conjura que cuenta con un equipo descalificado pero actuante y tenaz de exgobernantes, como Álvaro Uribe, Alan García u Osvaldo Hurtado, que sueñan con volver al pasado y enarbolan las raídas banderas de la restauración en todo el continente.

Estas son algunas de las visibles lecciones del 30-S, y sería lamentable y grave que quienes mejor las hubieran asimilado resulten los golpistas ávidos de poder y que nunca descansan

 

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