Gobierno de cartón y pueblo empoderado

Guatemala

El Estado ha muerto. El gobierno del presidente Otto Pérez Molina es incapaz de ejecutar sus funciones y ha perdido la poca legitimidad que le quedaba. Las manifestaciones de repudio se replican porque el pueblo guatemalteco ha perdido el miedo y se ha empoderado. El sábado otra vez salió a la calle para rechazar el status quo y la corrupción. Hay que refundar el Estado. 

Marcha del 30 de mayo- Foto: laprensa.hn

 Editorial- Prensa Libre (Guatemala)

La tercera presencia masiva de ciudadanos en el parque central capitalino y en los de varios departamentos debe ser comprendida como lo que es: una expresión clara de que llegaron a repudiar una de las peores lacras del sistema político: la corrupción. No se puede olvidar que el pueblo guatemalteco, en más de medio siglo, por temor o dejadez no expresa abiertamente sus criterios, no se había manifestado en forma oral o escrita, y mucho menos con la asistencia espontánea a manifestaciones.

Al analizar con algún detenimiento lo que está ocurriendo desde hace un mes, se puede notar que estas manifestaciones de repudio comenzaron con una exigencia: la renuncia de la entonces vicepresidenta Roxana Baldetti, por complicidad de los casi increíbles malos manejos de ella y de la serie de achichincles lacayunos, testaferros, en todas las acciones de gobierno en las que participó.

Lograda esa meta, la exigencia subió de tono al ser dirigida contra el presidente Otto Pérez Molina, quien no supo o no deseó comprender el mensaje popular, y si bien forzó la salida de la cuestionada funcionaria, se equivocó al defenderla y alabarla públicamente. Pronto llegaron las exigencias de renuncia del mandatario, quien se fue quedando solo y, sobre todo, convirtiéndose en el símbolo de los males políticos del país. Posteriormente, algunos de sus detractores parecieron darse cuenta de los problemas de acefalía práctica que tendrá su salida del gobierno.

“La tercera presencia masiva de ciudadanos en el parque central capitalino y en los de varios departamentos debe ser comprendida como lo que es: una expresión clara de que llegaron a repudiar una de las peores lacras del sistema político: la corrupción “

Es evidente que la presencia de manifestantes se ha mantenido en un número similar, pero que se pueden observar cambios en los sectores sociales participantes. El sábado se hicieron presentes por primera vez delegaciones indígenas, grupos de artistas y en general el abanico de las peticiones se han ido ampliando. Por ello, para hacer un cálculo de cuántas personas se han presentado al frente del Palacio Nacional es válido sumar las cifras de las tres reuniones populares, que han mantenido sus características iniciales de voluntariedad y de un orden absoluto.

Cada vez aumentan los temas en las pancartas. Ahora se señalan los urgentes cambios a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pero que sean efectivas, al menos algunas de ellas, para las elecciones que se encuentran a apenas 98 días de distancia. Es evidente la relación entre estos cambios y el posible logro de reducir, al menos, los casos de corrupción. Pero esto no tiene posibilidad de logro si no actúan de manera correcta quienes tienen en sus manos la aplicación del sistema de justicia.

Es imposible lograr resultados distintos con formas iguales y haciendo lo mismo. Por eso urge un pacto nacional, un compromiso de todos los sectores sociales, para permitir que el proceso electoral llegue al 6 de septiembre próximo. La petición de la renuncia del presidente Pérez Molina debe ir acompañada de un plan de acción inmediata, en especial lo referente a los comicios. Las manifestaciones, que no hay motivo para dudar de su repetición, deben centrarse en este punto. De lo contrario, pueden desvanecerse por cansancio y con ello abrir una caja política de Pandora.

 

María Aguilar- El Periódico (Guatemala) 

En la marcha del #30M un féretro recorría las calles de la ciudad capital con una imagen de Otto Pérez Molina y una leyenda que decía: “la caída de un gobierno militar”. Sin embargo, dada la coyuntura actual, es necesario analizar el caso de Guatemala dentro de un contexto más amplio de desgobiernos y corrupción en América Latina. Es allí donde se hace evidente que no son los gobiernos los que van muriendo sino el Estado mismo. Y es fundamental no confundir ambos términos. Los gobiernos son los encargados de aplicar y poner en uso las funciones del Estado, pero no representan al Estado en general.

De una manera amplia, en una de las argumentaciones de Max Weber, el Estado posee el monopolio de la violencia, entendiéndose como la habilidad de controlar a las fuerzas de seguridad y desplazarlas a su antojo. El Estado es en sí consenso y también autoridad. Mientras en Guatemala vemos cómo el presidente se ha vuelto de cartón, no tiene legitimidad ni autoridad, su gobierno es incapaz de ejecutar las funciones del Estado y los ministros no dejan de renunciar.

” Es momento de aceptar que el Estado guatemalteco ha muerto. Por ende, es imposible pensar que se puede llegar a cualquier tipo de negociación para sobrellevar esta crisis. El presidente Pérez Molina está allí pero ya no manda, hablar de fundar un nuevo Estado “

En términos de Estado, cuando se analizan los eventos de Guatemala dentro del contexto de Chile, Honduras, Brasil y otros países que también atraviesan escándalos de corrupción, se hace evidente que la corrupción en sí, no es un fenómeno que se pueda remover, como la mayoría de candidatos presidenciales prometen. La corrupción es omnipresente. Los Estados en sí han dejado de existir, y han sido desplazados por redes criminales que crean consensos y establecen las reglas del juego.

Es momento de aceptar que el Estado guatemalteco ha muerto. Por ende, es imposible pensar que se puede llegar a cualquier tipo de negociación para sobrellevar esta crisis. El presidente Pérez Molina está allí pero ya no manda, hablar de fundar un nuevo Estado ¿qué implica? ¿con quiénes hay que negociar? O ¿quiénes deben estar en la discusión y refundación? Por ende, todos los pueblos y sectores debemos atrevernos a pensar más allá de defender “órdenes constitucionales” que no harán nada más que poner parches en una herida que desde hace tiempo está pudriéndose.

 

Marta Yolanda Díaz Duran- Siglo 21 (Guatemala)

Todos los cambios políticos que se están dando en Guatemala son el resultado de la presión de quienes deciden cuál debe ser el orden social en nuestro país: los mandantes. Tales mandantes somos usted, yo y todo aquel que alzó su voz al asistir a las manifestaciones pacíficas y espontáneas, siendo responsables de la única manera posible: individualmente. Todos aquellos que de manera voluntaria y sin miedo, empoderados e indignados, mostramos nuestro rechazo al statu quo, a la corrupción y a la violación de nuestros derechos individuales.

Los crímenes y delitos mencionados en el párrafo anterior fueron cometidos, irónicamente, bajo la dirección de nuestros mandatarios, los cuales olvidaron el mandato que les dimos: velar por el respeto a la vida, la libertad y la propiedad de todo aquel que respeta a los otros y exige respeto. Un mandato que incluye a la justicia: aquellos en quienes hemos delegado temporalmente el monopolio legal del uso de la fuerza (el poder) deben asegurarse de que el antisocial que violente los derechos de alguien más pague las consecuencias de sus acciones y ­­compense a sus víctimas.

” Tales mandantes somos usted, yo y todo aquel que alzó su voz al asistir a las manifestaciones pacíficas y espontáneas, siendo responsables de la única manera posible: individualmente. Todos aquellos que de manera voluntaria y sin miedo, empoderados e indignados, mostramos
nuestro rechazo al statu quo, a la corrupción y a la violación de nuestros derechos individuales ” 

Hoy, la posición de los peores delincuentes y criminales en nuestro país la ocupan los gobernantes, sus socios en los actos de corrupción y los líderes de los grupos de presión (incluyo a los politiqueros que quieren llegar al ejercicio del poder) que durante años han vivido cómodamente a costa nuestra, y gracias al sistema de incentivos perversos que prevalece en Guatemala desde hace setenta años. Es irrelevante que la Constitución actual haya cumplido recientemente tres décadas de estar vigente, al fin, esta y sus antecesoras lo que hicieron fue copiar, con modificaciones en general superficiales, el Estado Benefactor/Mercantilista que nos heredaron los constituyentes de 1945.

Los mandantes debemos estar atentos y no dejarnos manipular por nadie, ya que “en río revuelto ganancia de pepenadores”, como prefiero parafrasear este popular refrán. Un puñado de líderes de los grupos de presión señalados antes, que tienen cualquier cantidad de tiempo de estar promoviendo más de lo mismo (estatismo, colectivismo e intervencionismo), muchos de ellos responsables del caos presente, pretenden hacer creer ¿a quiénes? que son la voz del abstracto pueblo. Falso: no representan a nadie más que a ellos mismos. Una mentira descarada propia de cualquier farsante que quiere alzarse con el premio gordo (el gobierno) sin ni siquiera haber participado en una elección. Total, tontos no son: saben que sus probabilidades de ganar en las urnas son ínfimas.

Los ciudadanos conscientes, que ya estamos hartos de los shows y las mentiras, debemos seguir presionando a quienes ostentan por el momento el poder para que los corruptos gobernantes y sus socios criminales, renuncien a sus cargos y las autoridades a cargo de velar por la justicia inicien los respectivos procesos judiciales que TODOS deben enfrentar. Otto Pérez Molina, renuncie.

 

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