El futuro de la Tierra

Latinoamérica y El Mundo
Especial

El mundo festeja el día de la tierra y más de 165 países firman hoy el Acuerdo Climático alcanzado en la COP21. A pesar de los avances que se lograron para mitigar el daño al medio ambiente en los próximos años, aún no se aborda del todo la concepción de desarrollo sostenible por culpa de la corriente macroeconómica dominante. La urgencia y la lucha de los países caribeños.

Redacción- Prensa Latina (Cuba)

Naciones Unidas abre hoy a la firma el Acuerdo Climático alcanzado por la comunidad internacional en diciembre en París, ceremonia en la que espera la participación de más de 165 países. (PLRadio)

El evento, convocado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, convertirá al instrumento en el de mayor número de adhesiones en un día, dejando atrás el récord fijado en 1982, en Montego Bay, Jamaica, por la Convención del Derecho del Mar, con 119 Estados.

La firma es el primer paso para garantizar que entre en vigor lo más rápido posible el Acuerdo, el cual busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, en aras de mantener el incremento de las temperaturas por debajo de los dos grados centígrados.

El pacto quedará activado 30 días después de que lo suscriban al menos 55 de los 197 miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, responsables del 55 por ciento de las emisiones globales, 

Según la ONU, todas las grandes economías y los principales emisores de sustancias contaminantes como el dióxido de carbono, adelantaron su presencia en el evento.

” Pese a su apoyo al Acuerdo Climático de París, países del Sur insisten en la voluntad política del Norte para llevar a la práctica lo adoptado, en sintonía con el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, lo que pasa por no olvidar que fueron las naciones ricas las que contaminaron el planeta “

El programa de la ceremonia incluye las intervenciones de Ban, el jefe de Estado de Francia, Francois Hollande, y el presidente de la Asamblea General de la ONU, Mogens Lykketoft, entre otros.

Posteriormente, comenzará la firma del documento, en un escenario designado para la ocasión, a lo que seguirán los discursos de los gobiernos en dos salones simultáneos para agilizar el proceso, la sede del Consejo Económico y Social y la del Consejo de la Administración Fiduciaria.

Pese a su apoyo al Acuerdo Climático de París, países del Sur insisten en la voluntad política del Norte para llevar a la práctica lo adoptado, en sintonía con el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, lo que pasa por no olvidar que fueron las naciones ricas las que contaminaron el planeta.

Leonardo Boff- Blog 

La COP21 que acaba de concluir sus trabajos el día 12 de diciembre en París con la autocomplacencia de todos, ha traído innegablemente puntos positivos. Laurent Fabius, presidente de la COP21, reafirmó que el «texto es diferenciado, justo, duradero, dinámico, equilibrado y jurídicamente vinculante”. Muy bien. Pero eso no nos exime de hacer algunas reflexiones críticas, dada la gravedad del tema que afecta al futuro de todos.

Primer punto positivo fue la cooperación entre los 195 países participantes. Su ausencia fue lamentada en la COP15 de Copenhague por Nicholas Stern, asesor de la reina Isabel en cuestiones ecológicas, con estas palabras: «Nuestra cultura no está habituada a la cooperación, excepto en caso de guerra; en el resto impera la competición entre las naciones. Mientras perdure este espíritu nunca llegaremos a ninguna convergencia». Ahora la convergencia se dio, facilitada por el reconocimiento de que no estamos yendo al encuentro del calentamiento, sino que nos encontramos ya dentro de él; además «el cambio climático representa una amenaza urgente y potencialmente irreversible para las sociedades humanas y para el planeta» (introducción).

El segundo punto positivo es la decisión de mantener el calentamiento por debajo del techo de 2ºC , orientándose hacia 1,5ºC hasta 2100, como en la era pre-industrial.

El tercer punto positivo es la convergencia en la necesidad de la adaptación y de la mitigación que deben ser asumidas por todos los países, de forma diferenciada según su participación en la emisión de CO2.

El cuarto punto positivo fue la decisión de los países ricos de pasar a partir de 2020100 mil millones de dólares al año a los países menos equipados. Cabe, por cierto, observar que dicha cuantía representa apenas el 0,16% del PIB de las 20 mayores economías mundiales.

” Como se puede ver, lo que está en cuestión aquí no es el destino y el futuro de la vida y de la Tierra amenazados por el caos climático, por lo tanto, la ecología. El centro de interés es la economía bajo el signo de un desarrollo sostenible. Esta opción encaja perfectamente en la corriente dominante actual en la cual la macroeconomía “

El quinto punto positivo es la transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos a los países con carencias en este área.

El sexto punto positivo es la promoción de la capacitación para los países más necesitados a fin de implementar la adaptación y la mitigación

El séptimo punto positivo es el establecimiento de «contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional» por cada país para dejar clara la intención de detener voluntariamente el avance del calentamiento.

El octavo punto positivo es la creación de un organismo internacional dedicado a las «pérdidas y daños» para compensar a los países más afectados por los cambios climáticos.

El nono punto reconoce explicitamente que el  REDD + (Redución de las Emisiones por Desmatamiento y Degradación Florestal) es parte fundamental de la  solución para el cambio climático. Los bosques tropicales por si solo representan, por lo menos, 30% de la solución para limitar las emisiones.

No obstante estos puntos positivos, hay que hacer algunas reflexiones que no admiten espera. La primera de ellas es el horizonte en el que se elabora cómo enfrentarse al calentamiento global, revelado en el objetivo de la Conferencia: “transformando nuestro mundo: la agenda 2030 para el desarrollo sostenible”.

” Es importarte destacar que el mencionado desarrollo se trata en realidad de crecimiento económico material, medido por el PIB mundial y nacional. Ese desarrollo/crecimiento es claramente insostenible, como ha sido mostrado por economistas críticos y por renombrados ecologistas, pues, se funda en premisas falsas”

Como se puede ver, lo que está en cuestión aquí no es el destino y el futuro de la vida y de la Tierra amenazados por el caos climático, por lo tanto, la ecología. El centro de interés es la economía bajo el signo de un desarrollo sostenible. Esta opción encaja perfectamente en la corriente dominante actual en la cual la macroeconomía mundialmente integrada determina el rumbo de las políticas mundiales y nacionales. Bien formuló el problema François Houtard, sociólogo belga, viviendo en Ecuador cuando propouso esta alternativa:”La Tierra es fuente de vida o la naturaleza es recurso natural”? Evidentemente un recurso puesto al servicio de la acumulacion humana y tratato a su antojo, presupueto presente en la COP21.

Es importarte destacar que el mencionado desarrollo se trata en realidad de crecimiento económico material, medido por el PIB mundial y nacional. Ese desarrollo/crecimiento es claramente insostenible, como ha sido mostrado por economistas críticos y por renombrados ecologistas, pues, se funda en premisas falsas: lo infinito de los recursos naturales y lo infinito de desarrollo hacia el futuro. Estos dos infinitos son ilusorios: los recur
sos no son infinitos porque la Tierra es finita. Y el desarrollo tampoco puede ser infinito porque un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Además no es universalizable para todos.

Pero lo que causa verdadera indignación es que el texto no mencione a la naturaleza y la Tierra (solo una vez al referirse en el nº140 a las culturas que llaman Madre a la Tierra). El problema no es el desarrollo y la naturaleza sino el ser humano y la naturaleza: relación de agresión o de sinergiay harmonización.  Este es el error imperdonable de la cosmología rudimentaria presente en el texto. 

Jessica Faieta- El País (Costa Rica)

La ambición del Acuerdo de París no tiene precedentes. Gobernantes de todo el mundo se comprometieron a limitar el aumento de la temperatura a “muy por debajo de los dos grados Celsius por encima de los niveles preindustriales” y a proseguir los esfuerzos para “limitar el incremento… a 1,5 grados”.

Al cambio climático se lo reconoce como uno de los desafíos más graves para el Caribe. Dado que es posible que exacerbe la frecuencia y la intensidad de la temporada anual de huracanes se necesitarán medidas integrales para proteger a las comunidades en situación de riesgo.

Este logro debe celebrarse, sobre todo por los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), un grupo de 41 países – casi la mitad de ellos en el Caribe – que defienden metas más ambiciosas en materia de cambio climático desde hace casi un cuarto de siglo.

Los PEID son aun más vulnerables a las consecuencias del cambio climático. El calentamiento global tiene elevados daños y costos para las familias, las comunidades y países enteros, incluido el Producto Interno Bruto (PIB), según advierte el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

¿Qué significa esto para el Caribe? Al cambio climático se lo reconoce como uno de los desafíos más graves para la región. Como es posible que exacerbe la frecuencia y la intensidad de la temporada anual de huracanes, se necesitan medidas integrales para proteger a las comunidades en situación de riesgo.

” Los PEID son aun más vulnerables a las consecuencias del cambio climático. El calentamiento global tiene elevados daños y costos para las familias, las comunidades y países enteros, incluido el Producto Interno Bruto (PIB), según advierte el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático “

Por otra parte, el escenario de contención moderada de las emisiones de gases de efecto invernadero revela que la temperatura de la superficie aumentaría este siglo entre 1,2 y 2,3 grados en el Caribe. A su vez, se espera que las lluvias se reduzcan entre cinco y seis por ciento, lo cual la convertiría en la única región insular del mundo con disminución de la disponibilidad de agua en el futuro.

El impacto combinado de temperaturas más altas y menos agua probablemente provoque períodos secos más extensos y una mayor frecuencia de sequías, lo que amenaza a la agricultura, los medios de vida, el saneamiento y los ecosistemas.

Tal vez el mayor peligro sea el aumento del nivel del mar, que en la región podría subir hasta 60 centímetros para finales de siglo, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Eso podría inundar las zonas bajas, con la consiguiente amenaza para las islas más pequeñas, la población, la infraestructura en las zonas costeras y el turismo, un sector esencial de las economías del Caribe. Cerca de 60 por ciento de los centros hoteleros se encuentran sobre el litoral.

Con el aumento del nivel del mar también se corre el riesgo de que el agua salina penetre en los acuíferos de agua dulce, lo cual afectaría un recurso clave para la agricultura, el turismo y el consumo humano, a menos que se apliquen tratamientos costosos.

” La adaptación al cambio climático es una necesidad urgente de los PEID. Por eso no es de extrañar que todos los países del Caribe hayan presentado una sección sobre la adaptación dentro de sus Contribuciones Previstas y Determinadas a nivel Nacional, que son los compromisos voluntarios que allanan el camino para la aplicación del Acuerdo “

Ante este panorama, la adaptación al cambio climático es una necesidad urgente de los PEID. Por eso no es de extrañar que todos los países del Caribe hayan presentado una sección sobre la adaptación dentro de sus Contribuciones Previstas y Determinadas a nivel Nacional  (INDC, en inglés), que son los compromisos voluntarios que allanan el camino para la aplicación del Acuerdo de París.

En sus INDC, los países caribeños recalcan la conservación de los recursos hídricos y la protección de las zonas costeras como sus principales preocupaciones. La mayoría también considera iniciativas de adaptación en los sectores económicos y productivos, principalmente en la agricultura, la pesca, el turismo y la silvicultura.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) apoya a los países del Caribe en sus esfuerzos de adaptación desde hace muchos años, mediante proyectos ambientales, relacionados con la energía y reducción de los riesgos, entre otros.

Esta semana hemos lanzado una nueva asociación con el gobierno japonés, la Asociación Japón-Caribe por el Cambio Climático, por valor de 15 millones de dólares y de conformidad con el Acuerdo de París.

” Cuando se consideran las medidas de adaptación a los diferentes impactos del cambio climático existen múltiples opciones. Algunas dependen de la infraestructura, como los diques para controlar el aumento del nivel del mar, pero eso puede ser muy caro para los PEID  “

La iniciativa se llevará a cabo en ocho países – Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas y Suriname – y beneficiará a unas 200.000 personas de 50 comunidades.

La Asociación fijará una trayectoria de mitigación y adaptación al cambio climático, de conformidad con las estrategias a largo plazo de los países, y ayudará a poner en práctica las medidas y políticas caribeñas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

También impulsará el acceso a la energía sostenible, ayudará a reducir las importaciones y la dependencia de los combustibles fósiles y pondrá a la región en un camino de desarrollo con bajas emisiones, a la vez que abordará serias limitaciones de la balanza de pagos.

Cuando se consideran las medidas de adaptación a los diferentes impactos del cambio climático existen múltiples opciones. Algunas dependen de la infraestructura, como los diques para controlar el aumento del nivel del mar, pero eso puede ser muy caro para los PEID, donde la proporción del área costera con respecto a la masa terrestre es muy alta.

(*) Jessica Faieta, subsecretaria general de la ONU y directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe.

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