Lun 23 Oct 2017
Venezuela 

El triunfo de la Constituyente

Especial

El convulsionado panorama político venezolano se explica en parte por la incapacidad de los bandos en pugna, el gobierno bolivariano y la oposición, para encontrar una vía de conciliación y diálogo. Sumado a eso, los ejercicios de intervención en los asuntos internos de gobiernos extranjeros, lejos de contribuir a la distensión de la pugna política, han empeorado el clima de confrontación. Con la Asamblea Nacional Constituyente, se cumple la cita electoral número 21 de Venezuela en 18 años. El fuerte apoyo popular a esta elección tan combatida demuestra que las fuerzas progresistas y revolucionarias continúan vivas y son manifestación de organicidad masiva y de una conciencia política ampliada en vastos sectores del país y de la región.

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Editorial- La Jornada (México) 

Se realizó ayer en Venezuela la elección para los integrantes de una nueva Asamblea Nacional Constituyente que, según el gobierno de Nicolás Maduro, convocante, busca poner fin a la violencia y restablecer la paz, en tanto que, para la oposición, que no participa en el proceso, representa la consolidación de un régimen dictatorial. La polarización se extiende a los medios informativos internacionales; de entre ellos, los que se alinean con el designio estadunidense de echar del poder a Maduro reportan escenarios de baja asistencia a las urnas, fallecimientos y episodios de extremada violencia entre manifestantes y fuerzas del orden, los cuales fueron reducidos por la oficialista Telesur a problemas puntuales de violencia para impedir a las personas ejercer su derecho al voto. En todo caso, las confrontaciones de la jornada de ayer no parecen haber escalado significativamente con respecto a las que se vienen registrando en forma casi cotidiana desde que los antichavistas lanzaron una ofensiva de protestas callejeras en abril pasado.

Es claro que el convulsionado panorama político venezolano ha tenido como factores centrales, por un lado, la incapacidad de los bandos en pugna –el gobierno bolivariano y las oposiciones agrupadas en la Mesa de Unidad Democrática, MUD– para encontrar una vía de conciliación y diálogo en el contexto institucional establecido por la Constitución de 1999 y, por el otro, las pretensiones de Washington de desestabilizar al país sudamericano, que es uno de los principales productores petroleros del mundo y que desde hace casi 20 años ha buscado establecer un modelo político, diplomático y económico independiente de Estados Unidos. Tales pretensiones cuentan con el abierto apoyo de diversas naciones de la región, especialmente, del gobierno mexicano, que en el empeño por participar en el acoso internacional en contra de Maduro ha dado la espalda a los principios esenciales que guiaron la política exterior nacional durante décadas y que colocaron a nuestro país como referente de las relaciones internacionales. Asimismo, la Casa Blanca se ha servido de la Organización de Estados Americanos (OEA), y de su secretario general, el ex canciller uruguayo Luis Almagro, en su ofensiva contra Caracas.

Los ejercicios de intervención en los asuntos internos de Venezuela, lejos de contribuir a la distensión de la pugna política y a la mejoría de las críticas condiciones económicas que afectan a la mayor parte de la población y a las finanzas del Estado, han empeorado el clima de confrontación, orientado a la oposición a actitudes cada vez más violentas, impulsado la rigidez gubernamental y ahondado la crisis económica.

" En suma, es necesario y urgente que los gobiernos y los organismos internacionales saquen las manos del atribulado país sudamericano, que entiendan que los asuntos políticos de Venezuela sólo pueden ser resueltos por los ciudadanos venezolanos y que se abstengan de actos de intromisión "

Las prácticas injerencistas exhiben, para colmo, un déficit innegable de autoridad moral: Estados Unidos y sus aliados en esta causa, que acusan al régimen de Miraflores de antidemocrático, represivo y violador de las leyes, no son precisamente ejemplos de democracia vigente, de respeto a los derechos humanos ni de estricto respeto a la legalidad, y ninguno de ellos aprobaría un somero examen en estas cuestiones.

En suma, es necesario y urgente que los gobiernos y los organismos internacionales saquen las manos del atribulado país sudamericano, que entiendan que los asuntos políticos de Venezuela sólo pueden ser resueltos por los ciudadanos venezolanos y que se abstengan de actos de intromisión, así se traten de mera hostilidad y parcialidad simbólicas, como el anuncio formulado ayer por la Secretaría de Relaciones de México en el sentido de que no reconocerá los resultados de la elección constituyente.

Cabe esperar, por último, que tanto las autoridades como los dirigentes opositores sean capaces de establecer nuevas reglas del juego pacíficas e institucionales para solucionar sus diferencias, que se deje de recurrir a la violencia como sustituto de la política, que los hijos de la patria de Bolívar logren procesar sus diferencias en paz y que la constituyente que se votó ayer consiga contribuir en alguna medida a esos propósitos.

Alfredo Serrano Mancilla- Celag 

Con la Asamblea Nacional Constituyente, se cumple la cita electoral número 21 de Venezuela en 18 años. El promedio es superior a más de una elección por año. El chavismo ha vencido en 19 de ellas. En las dos derrotas, se reconocieron los resultados. La democracia en Venezuela en el plano electoral siempre ha sido un rasgo característico de este proceso revolucionario y jamás ha sido puesto en tela de juicio por el propio gobierno. En el próximo diciembre habrá elecciones a gobernaciones regionales. También se votará para refrendar el texto constitucional resultante y luego, como corresponde, se llevará a cabo la cita electoral presidencial.

Toda discusión sobre las normas para la elección de la Constituyente es bienvenida. Cabe todo en este debate, siempre y cuando sea por la vía pacífica y política. Estar en desacuerdo es tan legítimo como apoyar esta cita electoral. La democracia es eso: confrontar propuestas incluso en la fórmula para elegir a los representantes de la ciudadanía. Lo que está absolutamente tirado de los pelos son esos titulares que hablan de “jaque a la democracia”, “dictadura” o “régimen totalitario” para caracterizar un proceso electoral que lo que hace es invitar a la gente a votar.

" Toda discusión sobre las normas para la elección de la Constituyente es bienvenida. Cabe todo en este debate, siempre y cuando sea por la vía pacífica y política. Estar en desacuerdo es tan legítimo como apoyar esta cita electoral. La democracia es eso: confrontar propuestas incluso en la fórmula para elegir a los representantes "

Y finalmente lo que pasó es que el pueblo venezolano salió a votar sin miedo; 8.089.320 venezolanos dieron su visto bueno a la Constituyente (41,53%), muy cerca del record histórico (que obtuvo Chávez en 2012). Muchos lo hicieron porque son fieles chavistas y están dispuestos a dar su voto en cualquier circunstancia. Ahí estarán seguramente los más de 5 millones y medio que ya lo hicieron en las elecciones parlamentarias del 2015 a pesar de las dificultades económicas. Pero además habrán acudido a votar todos aquellos que tuvieron algunas críticas al chavismo, o que tenían cierto descontento, pero que ahora están absolutamente hartos de la violencia de esa minoría opositora que ha impedido que exista vida cotidiana. Este es un bloque importante que la oposición no ha sabido seducir en este tiempo desde las últimas legislativas, sino más bien todo lo contrario: los ha ahuyentado para que nuevamente vuelvan al lugar en el que antes estuvieron, con el chavismo. Indudablemente, esta elección demuestra algo que la oposición, nacional e internacional, no quiere aceptar: el chavismo como identidad política sigue estando muy presente en el país.

Javier Tolcachier- Alba TV 

En términos regionales, luego del triunfo de Ortega en Nicaragua y de la Revolución Ciudadana en Ecuador, el fuerte apoyo popular a esta elección tan combatida demuestra que las fuerzas progresistas y revolucionarias continúan vivas y son manifestación de organicidad masiva y de una conciencia política ampliada en vastos sectores.

Por el contrario, en los últimos meses, los gobiernos neocons se han debilitado. La popularidad de Lula frente al inmenso rechazo hacia el gobierno ilegítimo de Brasil, la casi segura victoria electoral de Cristina Fernández de Kirchner en las legislativas próximas ante la decadencia social y el debilitamiento veloz de la gestión de Macri en Argentina, los avances en el posicionamiento de la oposición en Paraguay y Honduras, la corrupción que atinge a distintos gobiernos peruanos y amenaza al actual, los financiamientos ilegales en Colombia y la violencia endémica y generalizada en el México de Peña Nieto; todo ello echa por tierra aquella consigna tan publicitada del “fin de ciclo” progresista, con lo cual se conminaba a los pueblos de América Latina y el Caribe a resignarse sin ofrecer resistencias a un nuevo período de expoliación neoliberal.

Venezuela emerge soberana y victoriosa, aunque con una división política en su seno que no augura tranquilidad en lo inmediato. El gobierno sale de esta contienda fortalecido, con la obligación de lograr rápidamente contener a los sectores violentos y efectuar un “giro de timón” inmediato en el control de la especulación monetaria y las dificultades de abastecimiento, no importa si éstas son producidas por la guerra económica o a causa de matrices económicas rentistas de larga data.

" El pueblo llano, por su parte, asoma con la Asamblea Constituyente efectivamente a la posibilidad de defender sus conquistas sociales y avanzar hacia un mayor empoderamiento comunal, un modelo político y económico participativo y de co-responsabilidad de alto vuelo democrático. Las demás cuestiones a ser tratadas en Asamblea Constituyente no son menos promisorias "

Claro está que ni los EEUU ni otros gobiernos aliados-vasallos, ni las corporaciones mediáticas aceptarán la derrota. Aunque en el mejor de los casos acepten una pausa táctica o simulen negociaciones para relajar la tensión, insistirán estratégicamente una y otra vez en su intento de aislar, de condenar, de demonizar, de socavar el enorme peso que tiene la Revolución Bolivariana para la independencia y la integración soberana de la América de los pueblos.

En cuanto a la oposición, habrá que ver si algunos líderes comprenden la situación, varían el rumbo y aceptan de una buena vez tomar la vanguardia de su sector acoplándose al diálogo. Si, por el contrario, insisten en la idea de violentar a la población, terminarán cosechando el repudio de la gente, optando seguramente por tomar el camino del éxodo a la “pequeña Venezuela” en Miami.

El pueblo llano, por su parte, asoma con la Asamblea Constituyente efectivamente a la posibilidad de defender sus conquistas sociales y avanzar hacia un mayor empoderamiento comunal, un modelo político y económico participativo y de co-responsabilidad de alto vuelo democrático. Las demás cuestiones a ser tratadas en Asamblea Constituyente no son menos promisorias. Pero eso tendrá su tratamiento en notas futuras. Por el momento, la conclusión evidente de la elección transcurrida hoy en Venezuela es que la violencia no da rédito.Y la paz, sí.​

Leer el artículo de La Jornada aquí 

Leer el artículo completo de Celag aquí 

Leer el artículo completo de Alba TV aquí 

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