Vie 18 Ago 2017
Lainoamérica

La Unasur y la unidad latinoamericana

Especial

La derecha regional tiene mucho menos poder de fuego para atacar a las fuerzas progresistas de la región. El Brasil de Michel Temer se está cayendo a pedazos y el programa político del argentino Mauricio Macri sentirá los golpes del país vecino. La nueva e inestable relación de fuerzas comienza a hacerse sentir en forma de parálisis. La importancia de la Unasur para la Patria Grande y los nombres que se barajan.

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Luis Bilbao- América XXI (Venezuela)

Volvieron a cambiar las relaciones de fuerzas en la región con el derretimiento de Michel Temer, presidente ilegítimo de Brasil.

Llevada a un nivel desconocido la inestabilidad política, el gigante latinoamericano sufrirá un nuevo frenazo en su muy lenta recuperación económica, incluso si tuviere éxito el intento –en curso mientras se redactan estas líneas– de cambiar suavemente a Temer y mantener a Henrique Meirelles en el ministerio de Hacienda. Ese resultado golpeará con dureza a los planes de crecimiento en Argentina. Incluso si esto no redundase en una derrota electoral de Mauricio Macri y su coalición Cambiemos, disminuiría significativamente la ya escasa e inestable base de sustentación de Macri.

Dicho en otros términos: la derecha regional tiene mucho menos poder de fuego para atacar a la Revolución Bolivariana.

Itamaraty debió suspender a última hora una reunión por fuera de cualquier organismo regional organizada en Brasil para el martes 23, con el objetivo de acelerar el derrocamiento de Nicolás Maduro. “Hoy más que nunca América Latina (debe aunar) esfuerzos diplomáticos”, dice un ex canciller argentino en la página de opinión del diario La Nación. Y agrega, con inocultable congoja: “lamentablemente la OEA no parece estar en condiciones de ser hoy el vehículo más efectivo para transitar por ese camino. El secretario general del organismo quemó naves antes de la batalla diplomática, limitando gravemente su papel en la crisis”. Ya ni en su cubil lo protegen a Malinche Almagro. Pero el ex diplomático acierta: la OEA no sirve.

Pugna en Unasur

¿Será útil Unasur para el objetivo ya imposible de encomendar a la OEA? Una leve descompensación del presidente Mauricio Macri durante la asunción de Lenín Moreno, a causa de la altura de la Capital ecuatoriana, impidió la programada reunión informal de presidentes del bloque suramericano para tratar el caso Venezuela. El malestar físico evitó uno mayor de carácter diplomático. Nicolás Maduro no estaba en Quito, pero los presidentes ya estaban informados de dos noticias clave: a fines de julio será la elección de diputados para la Asamblea Constituyente en Venezuela y el Consejo Nacional Electoral fijó el 10 de diciembre para las elecciones regionales. ¿Qué podían demandar los conjurados de Unasur? ¿Adelanto de elecciones presidenciales? ¿Omisión de cualquier respuesta al accionar violento y los actos terroristas de la oposición desenfrenada?

Por caso: a esa misma hora Temer enviaba tropas militares a Brasilia para contener la furia de manifestantes que exigen su dimisión e inmediatas elecciones directas. ¿Puede Unasur declararse en guerra contra una medida de excepcional participación democrática en Venezuela y asociarse al uso de fuerzas militares contra la población civil en Brasil? Porfiar en ese sentido equivaldría a hacer estallar el organismo. Y no precisamente para fortalecer la OEA.

Por tanto, es improbable que en este nuevo cuadro de situación regional Macri pueda alcanzar consenso para su avanzada contra Maduro. La nueva e inestable relación de fuerzas comienza a hacerse sentir en forma de parálisis. Algunas fuentes aseguran que en su fugaz paso por Buenos Aires, el saliente presidente ecuatoriano Rafael Correa acordó con la vicepresidente argentina Gabriela Michetti un nombre conflictivo para presidir Unasur: Octavio Bordón. El ex dirigente del Frepaso que vio frustrada su carrera a la presidencia a fines de los 1990, está considerado por conocedores del tema como representante del Opus Dei. Su eventual designación sería más que un desaire para el Papa Francisco, líder de la corriente opuesta en el entramado Vaticano, además de agregar un factor de conflicto al funcionamiento de Unasur.

Revolución y conducción política

Ante este panorama, resalta más la ausencia de iniciativa en las izquierdas latinoamericanas para entrar a la lid con papel protagónico. Décadas atrás era ya visible la existencia de una crisis en el pensamiento revolucionario, específicamente en la teoría marxista. Hoy las cosas han pasado a mayores.

En Venezuela ocurre en estos meses un hecho trascendental para el rumbo de América Latina, pero también para la teoría política revolucionaria. Es posible afirmar que aquella crisis, sin pausa agravada, ha llegado al punto de demoler conceptos teóricos básicos y anular elementales reflejos de una genuina dirección revolucionaria.

Cuando en los años 1930 el Partido Comunista alemán se negó a hacer un frente único con el Partido Socialista para enfrentar a Hitler, Trotsky hizo una afirmación profética: “(tras la victoria del nazismo) el proletariado alemán se levantará; el Partido Comunista Alemán jamás”. Es posible hacer una afirmación análoga en este momento respecto del posicionamiento de ciertas organizaciones de izquierda en relación con la situación en Venezuela.

La respuesta en curso a la severísima crisis en Venezuela por parte de Maduro y la dirección del Psuv es un ensayo de conducción política revolucionaria que abrirá huella. La conducción político-militar de la Revolución Bolivariana apela a la movilización y organización de masas y, en condiciones dramáticas, busca mantener la unidad social y política de las grandes mayorías. Habrá que discutir planes y medidas económicas, métodos en ciertas áreas, criterios de funcionamiento del Psuv y los organismos de masas. Pero lo esencial es una lección de táctica y estrategia antimperialista y anticapitalista desde el ejercicio del gobierno, en un marco internacional excepcionalmente adverso. Tema para reflexión teórica, debate político y acción consecuente de aquí en adelante.

Kintto Lucas*- Cronicón 

La UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) es un bloque que más allá de las diferencias políticas o económicas de los países que lo integran y ciertas debilidades, ha logrado levantarse como espacio de acuerdos y entendimientos desde la diversidad y ha generado un proceso integrador diferente.

Surgió de una forma distinta a otros procesos y se posicionó como una propuesta de integración desde lo político, llevando adelante acciones trascendentes para solucionar conflictos, consolidar una mirada de defensa de la democracia en común, fortalecer políticas de defensa y sociales integradoras, e inclusive posicionándose como un bloque a tener en cuenta a nivel mundial en el desarrollo de un mundo multipolar. Es necesario seguir consolidando UNASUR como bloque de poder e interlocución mundial. Y dentro de ese proceso es fundamental fortalecer la institucionalidad en sus diferentes instancias, y particularmente la Secretaría General

Hay que afirmar la gestión de UNASUR desde la Secretaría, para reforzar las acciones del bloque a nivel regional y mundial. Para eso se deben elaborar objetivos de corto, mediano y largo plazo, con una agenda que permita llegar a esos objetivos produciendo un salto cualitativo en la gestión y un mayor posicionamiento de la Unión, generando además alianzas con otros bloques. En estos meses debería cambiar el secretario general. En ese sentido la figura de un presidente que haya ejercido en estos últimos años y que tenga un reconocimiento internacional serviría para fortalecer Unasur desde el respeto a la diversidad. Sin contar a José Mujica, que ya descartó la posibilidad de ser Secretario General, teniendo en cuenta que no puede residir en Quito, el único ex presidente que reuniría condiciones para fortalecer Unasur y podría ser aceptado por todos los países, sería Rafael Correa. Para nombrar al Secretario General de Unasur es necesario un consenso entre los estados y, aunque serían necesarias diversas negociaciones para lograrlo, no hay duda que una figura como la de Rafael Correa y un país como Ecuador, tendrían altas posibilidades de ser aceptados por todos, teniendo en cuenta que sobre otros países y candidatos, existirían cuestionamientos insalvables de uno u otro bloque de los dos que se han generado en la región. Rafael Correa termina su mandato presidencial el 24 de mayo. Sería un objetivo trascedente de la nueva o nuevo canciller de Ecuador, lograr que el actual presidente, quien además durante la presidencia pro tempore de su país en Unasur potencializó, proyectó e institucionalizó la Unión, sea el nuevo Secretario General

Por otra parte, sería muy importante transformar el Consejo de Delegados en un organismo de representación permanente mucho más vinculado a la Secretaría General y establecido en la sede de Quito, para que se complemente mejor con ésta. Además es fundamental fortalecer y consolidar los Consejos con planes de gestión y mirada estratégica.

La integración en América Latina y América del Sur ha entrado en un periodo de espera, tanto en lo que tiene que ver con el concepto integrador más profundo que desarrolle todas las áreas de la integración, como en el desarrollo de los organismos que han intentado, con problemas consolidar el proceso integrador. En ese contexto, Correa y Ecuador podrían potenciar nuevamente a Unasur.

*Exvicecanciller del Ecuador.

Leer el artículo de América XXI aquí 

Leer el artículo de Cronicón aquí 

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